La Ciudad Autónoma de Buenos Aires se encuentra en medio de una transformación urbana que va más allá de las grandes obras tradicionales. Desde hace un tiempo, el Gobierno porteño, a través de su Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana, impulsa una iniciativa destinada a cambiar el rostro de varios barrios mediante la creación de lo que se denomina “calles verdes”. Se trata de una propuesta innovadora que busca reformular el uso del espacio público urbano con una fuerte impronta ecológica y comunitaria, enfocada en reducir la presencia del concreto, sumar superficies vivas y generar nuevos escenarios de encuentro social en distintos puntos de la capital argentina.

El concepto central de estas calles consiste en transformar tramos vehiculares tradicionales, generalmente dominados por el asfalto, en corredores más sustentables, con mayor presencia de árboles, áreas con vegetación y superficies que permiten la absorción del agua de lluvia en lugar de simplemente escurrirla hacia los desagües. Esta modificación tiene un impacto directo en varios aspectos de la vida urbana, especialmente en entornos que históricamente han estado saturados por la circulación de autos y el predominio del cemento.

La iniciativa responde a una visión de ciudad que apunta a ser más carbono neutral, resiliente e inclusiva, es decir, una metrópolis que reduzca progresivamente su huella de carbono, que esté mejor preparada para enfrentar los desafíos del cambio climático y que ofrezca espacios públicos de calidad para todos sus habitantes. Este objetivo se alinea con tendencias globales en planificación urbana, donde la incorporación de verde no solo aporta estética, sino también soluciones concretas a problemas ambientales y de calidad de vida.

Beneficios ambientales y sociales

La reconversión de estas calles trae aparejados múltiples beneficios, tanto ecológicos como sociales. Entre los más destacados se encuentran:

  • Regulación del ciclo hidrológico urbano: al reemplazar una parte significativa del pavimento impermeable por superficies vegetales y aire libre, se mejora la capacidad natural de amortiguar y absorber la lluvia. Esto no solo disminuye el riesgo de anegamientos en días de tormenta, sino que también reduce el impacto sobre el sistema de drenaje municipal.

  • Mitigación de las islas de calor: las zonas con intenso pavimento absorberán y devuelven mucho calor al ambiente, elevando las temperaturas locales, un fenómeno común en grandes ciudades. La introducción de más verde ayuda a regular estas temperaturas, volviendo los entornos más frescos y confortables.

  • Mejor calidad del aire: las plantas y los árboles no solo producen oxígeno, sino que también actúan como filtros naturales que captan partículas contaminantes y contribuyen a un aire más limpio, lo que tiene un impacto directo en la salud respiratoria de quienes habitan y transitan esos espacios.

  • Promoción de biodiversidad urbana: la presencia de vegetación diversa favorece la atracción de insectos, aves y otros pequeños organismos que normalmente no encontrarían su hábitat en entornos urbanizados, enriqueciendo la vida ecológica dentro de la ciudad.

  • Creación de espacios de esparcimiento y descanso: más allá de los valores ambientales, estas calles se diseñan pensando también en las personas. Surgen de su transformación áreas donde los vecinos pueden descansar, pasear, interactuar y disfrutar a pie o en bicicleta.

Los espacios verdes aportan un valor intangible muy importante: refuerzan la percepción de calidad de vida. Reducen el ruido, brindan sombra, generan escenarios de encuentro social y, al estar integrados en barrios residenciales o transitados por peatones, ayudan a fomentar una nueva relación entre la comunidad y el entorno urbano.

Transformar la ciudad: del cemento al verde

Este programa, que implica labores de despavimentación, plantación de árboles y reconfiguración del espacio público, no solo busca modernizar las calles porteñas, sino también introducir una filosofía de planificación urbana basada en la convivencia entre lo construido y lo natural. Así, Buenos Aires no solo conserva su herencia histórica y arquitectónica, sino que suma componentes que miran hacia el futuro, donde las ciudades son más amables, saludables y adaptables.

Dónde están las calles verdes

Hoy en día, ya hay varias calles transformadas bajo este concepto en diferentes barrios de la Ciudad. Estas se ubican en zonas variadas, desde espacios residenciales hasta sectores más céntricos, y representan una combinación de tramos cortos y medianos cuyo diseño se adapta al contexto en que se insertan. Entre ellas se encuentran:

  • Vera, entre Lavalleja y Avenida Corrientes, en Villa Crespo.

  • Avenida Triunvirato, entre Nahuel Huapi y Bauness, en Villa Urquiza.

  • Conde, entre Quesada y Ricardo Balbín, en Belgrano.

  • Ramón Falcón, entre Albariño y Corvalán, en Villa Luro.

  • Remedios de Escalada de San Martín, entre Avenida Boyacá y Achupallas, en el barrio de Flores.

  • Yerbal, entre Calderón de la Barca y Cervantes, en Floresta.

  • Tres Sargentos, entre San Martín y Alem, cerca del barrio de Retiro.

  • Guardia Vieja, entre Gallo y Agüero, en Almagro.

  • Paraguay, entre Avenida Leandro N. Alem y Carlos Pellegrini, en el límite entre Retiro y San Nicolás.

  • Honorio Pueyrredón, entre Avenida Gaona y Neuquén, en Caballito.

Estas calles verdes ya forman parte del paisaje urbano y, aunque en algunos casos el cambio puede ser sutil a primera vista, su impacto en la calidad ambiental y en la experiencia cotidiana de quienes circulan o habitan esos barrios es significativo.

Una ciudad que mira hacia el futuro

La apuesta por calles más verdes y humanas es un ejemplo de cómo una metrópolis compleja como Buenos Aires puede repensar sus espacios públicos para adaptarse a nuevas realidades climáticas, sociales y culturales. Se trata de una transformación que no solo embellece, sino que también mejora la funcionalidad urbana, incrementa la calidad ambiental y propone modelos sostenibles que, con suerte, se multiplicarán en los próximos años.

En definitiva, estas acciones muestran un paso hacia una ciudad más saludable, abierta al encuentro ciudadano y más resiliente frente a los desafíos ambientales actuales, incorporando un equilibrio entre la infraestructura construida y los beneficios que aporta la naturaleza al espacio metropolitano.

febrero 15, 2026