En el corazón de la ciudad de Buenos Aires, a lo largo de la emblemática Avenida Corrientes, hay un edificio que atrapa la atención de caminantes y porteños hace décadas, no solo por su tamaño y ubicación, sino por su aspecto entre histórico y enigmático. Se trata de una construcción que se distingue a primera vista por sus cúpulas gemelas, estructuras ornamentales que rematan sus extremos y que lo convierten en un hito visual entre las numerosas fachadas del centro porteño. Sin embargo, lo que lo vuelve aún más llamativo es su estado de abandono: este edificio lleva más de 20 años vacío, casi como si el paso del tiempo lo hubiera dejado congelado en una etapa de su historia urbana.

Este inmueble no es una construcción cualquiera de la ciudad; fue diseñado y construido en los albores del siglo XX, una época en la que Buenos Aires vivía un auge de desarrollo económico y urbano que se reflejaba en grandes obras, amplias avenidas y edificios con ornamentación europea. Los arquitectos de entonces buscaban incorporar a la ciudad formas arquitectónicas que rememorasen estilos clásicos y eclécticos europeos, con influencias que iban desde el academicismo francés hasta referencias neoclásicas o art déco. Las cúpulas, por ejemplo, eran —y aún son— un símbolo de prestigio y modernidad que coronaba edificios residenciales, comerciales o de oficinas, destacándolos en el perfil urbano porteño.

A lo largo del último mitón de avenida Corrientes, esta construcción se eleva mirando hacia la ciudad y hacia las rutas que conectan con otras arterias importantes del microcentro. Su presencia imponente, con sus patios internos, balcones ornamentales y sobre todo las dos cúpulas idénticas en las esquinas superiores, ha sido observada por generaciones de transeúntes. Pero pese a su belleza —o quizás a causa de dificultades económicas y legales—, el edificio ha estado desocupado durante más de dos décadas, incluso cuando gran parte del resto del centro porteño continuó en uso, ya sea como viviendas, oficinas, comercios o instituciones.

¿Por qué un inmueble tan grande, bien ubicado y con un valor arquitectónico notorio quedó así? Esa pregunta ha generado múltiples hipótesis y relatos urbanos en torno al lugar. Parte del misterio tiene que ver con la complejidad de su propiedad a lo largo de los años, la ausencia de proyectos efectivos para su restauración y las fluctuaciones del mercado inmobiliario argentino. En Buenos Aires, muchas construcciones de principios del siglo pasado quedaron en desuso en distintas etapas por falta de mantenimiento, incremento de costos o problemas estructurales que hace inviable su reparación sin inversiones millonarias. Este fenómeno no es aislado: existen otros inmuebles históricos que han sufrido destinos similares, aunque varios han sido restaurados en los últimos años gracias a políticas de preservación y estímulos a la puesta en valor.

Además del aspecto físico del edificio, hay leyendas urbanas y recuerdos personales entre quienes alguna vez pasaron por allí. Algunas versiones hablan de familias que vivieron en sus altos pisos en tiempos remotos, de viejas oficinas que albergaban negocios, estudios profesionales o incluso talleres artísticos antes de que su actividad decayese. Otros relatos —más fantásticos y anecdóticos— sugieren encuentros nocturnos ajenos al ruido de la avenida, o lugares secretos que nunca llegaron a conocerse del todo. Aunque no hay confirmaciones oficiales de estos relatos, la historia oral que circula entre vecinos y paseantes alimenta el aura de misterio que rodea al edificio.

Cabe recordar que la arquitectura porteña está llena de ejemplos de construcciones que, como esta, tienen elementos distintivos que los convierten en testimonios de épocas pasadas. Las cúpulas porteñas, por ejemplo, son un rasgo definitorio del skyline de Buenos Aires y, en muchos casos, se han convertido en atractivos culturales por derecho propio. Desde las cúpulas del Congreso de la Nación hasta las que coronan edificios como el Bencich o el histórico Palacio Barolo, estas estructuras han sido objeto de restauraciones, eventos y proyectos culturales que buscan poner en valor el patrimonio arquitectónico de la ciudad.

Sin embargo, pese a este interés general por conservar y revitalizar construcciones patrimoniales, el edificio de la avenida Corrientes con cúpulas gemelas parece haber quedado en el limbo de las grandes obras pendientes. Las razones varían: desacuerdos en torno a quién debe financiar su restauración, desafíos técnicos para rehabilitar sus interiores y fachadas, o simplemente la falta de una decisión política y económica para encarar un proyecto de revalorización. Esto contrasta con otros casos en los que inmuebles históricos han encontrado nuevos usos mixtos —combinando viviendas, coworking, espacios culturales o miradores— tras años de abandono.

Hoy, este edificio continúa siendo un elemento visual fascinante en la avenida Corrientes. Su silueta con cúpulas gemelas se recorta contra el cielo de Buenos Aires, evocando épocas de esplendor arquitectónico y un dinamismo urbano que marcó la transición de una metrópolis en crecimiento a una ciudad moderna. A pesar de estar vacío, su presencia sigue inspirando preguntas: ¿qué historia esconden sus paredes?, ¿qué posibilidades de futuro tiene? y ¿podrá alguna vez recobrar vida, quizás transformado en un nuevo epicentro de actividades en pleno centro porteño? Estas interrogantes siguen abiertas, alimentando el imaginario colectivo sobre un edificio que fue y quizá vuelva a ser un protagonista de la vida urbana.

febrero 11, 2026