Este sábado se cumple el 94.º aniversario del nacimiento de Héctor Olivera, una de las figuras más influyentes, versátiles y prolíficas del cine argentino del siglo XX. Nacido el 5 de abril de 1931, Olivera no solo dirigió algunas de las películas más importantes de la historia del cine nacional, sino que también fue productor, guionista y uno de los fundadores de Aries Cinematográfica Argentina, la productora clave del cine industrial argentino de los años ’70 y ’80.

Su filmografía recorre una variedad de géneros que va desde la comedia popular hasta la denuncia política, siempre con una mirada crítica sobre la realidad social del país. A lo largo de más de cinco décadas de trayectoria, Olivera supo combinar el compromiso estético y político con la capacidad de conectar con el público masivo. Su legado es, sin duda, uno de los pilares de la cinematografía nacional.

De la radio al cine

Héctor Olivera nació en el seno de una familia vinculada al medio artístico: su padre, Edmundo Olivera, fue un destacado locutor de radio. Desde joven mostró un fuerte interés por el mundo audiovisual y a los 17 años comenzó a trabajar como asistente de producción. Su pasión por el cine lo llevó rápidamente a involucrarse en todos los aspectos del proceso cinematográfico.

En 1956 fundó, junto con Fernando Ayala, la productora Aries Cinematográfica, que con el tiempo se convertiría en un verdadero motor del cine argentino, promoviendo tanto a realizadores consagrados como a nuevos talentos. Desde allí produjo una enorme cantidad de títulos que marcaron época y dejaron huella en la cultura popular.

Un director entre la comedia y la denuncia

Como realizador, Olivera debutó en 1967 con Pampa salvaje, un western histórico protagonizado por Robert Taylor. Pero fue en los años 70 cuando comenzó a desarrollar una voz autoral más definida, con obras que alternaban la crítica social, la ironía política y el humor popular.

Uno de sus mayores éxitos fue La Patagonia rebelde (1974), basada en el libro de Osvaldo Bayer y protagonizada por Héctor Alterio, Luis Brandoni y Federico Luppi. La película reconstruye las huelgas obreras en Santa Cruz durante la década de 1920 y su brutal represión por parte del Ejército. Fue censurada por el gobierno de Isabel Perón a poco de su estreno, y Olivera tuvo que exiliarse brevemente. No obstante, la película fue premiada con el Oso de Plata en el Festival de Berlín y es considerada una obra maestra del cine político argentino.

Durante la dictadura militar, Olivera encontró una vía para eludir la censura mediante el uso de metáforas y sátiras. En ese contexto realizó No habrá más penas ni olvido (1983), basada en la novela de Osvaldo Soriano, una ácida comedia negra sobre las internas del peronismo revolucionario. El filme fue una crítica feroz a los sectarismos ideológicos y se convirtió en un éxito de taquilla y crítica.

Cine popular con sello propio

Más allá de sus películas de fuerte contenido político, Olivera también fue un gran impulsor del cine popular, particularmente las comedias protagonizadas por actores como Alberto Olmedo, Jorge Porcel y Moria Casán, que marcaron la cultura de los años ’80. Aunque muchas de estas producciones fueron consideradas «comerciales», Olivera supo darles un tratamiento visual cuidado y una estructura narrativa sólida, demostrando que el entretenimiento y la calidad no son opuestos.

Con títulos como Las turistas quieren guerra, Los fierecillos indomables o Los colimbas se divierten, Aries se consolidó como una usina de cine nacional con gran llegada al público. Olivera alternaba estas producciones con películas más comprometidas, como El caso María Soledad (1993), sobre el femicidio de María Soledad Morales en Catamarca, y Ay, Juancito (2004), centrada en la figura de Juan Duarte, el hermano de Eva Perón.

Un legado vivo

La influencia de Héctor Olivera va más allá de su filmografía. Como productor y mentor, fue una figura clave para el desarrollo del cine argentino durante las décadas más difíciles, incluyendo los años de censura, persecución política y crisis económica. Su apuesta por una industria cinematográfica autosuficiente y profesional dejó un modelo de trabajo que aún hoy se estudia en escuelas de cine.

Recibió múltiples reconocimientos a lo largo de su carrera, entre ellos el Premio Konex de Platino, el Cóndor de Plata y homenajes en festivales internacionales. En 2006 fue distinguido por el Senado de la Nación por su contribución a la cultura argentina.

Hoy, a 94 años de su nacimiento, Héctor Olivera es recordado no solo por sus películas, sino por su compromiso con el cine como herramienta de expresión, memoria y diálogo social. Sus obras continúan proyectándose en ciclos especiales, plataformas de streaming y festivales retrospectivos, reafirmando su vigencia y la profundidad de su mirada sobre la Argentina.

Aquel joven curioso que soñaba con hacer cine terminó construyendo una de las trayectorias más sólidas y diversas del cine argentino. Y lo hizo con convicción, ingenio y una sensibilidad única para narrar el alma de un país. Héctor Olivera no solo filmó películas: construyó memoria, provocó reflexión y entretuvo con inteligencia. Su legado, como las grandes películas, permanece en movimiento.

julio 5, 2025