La Ciudad de Buenos Aires se encuentra actualmente inmersa en un ambicioso proyecto de recuperación histórica y puesta en valor cultural que impactará profundamente en el paisaje patrimonial del barrio de La Boca. Se trata de la restauración integral de Barraca Peña, considerada la estructura más antigua que aún se conserva a la vera del Riachuelo y que fue un pilar fundamental de la vida portuaria y comercial del sur de la ciudad durante los siglos XVIII y XIX. Este sitio histórico —ubicado en la avenida Pedro de Mendoza 3003— será pronto convertido en un museo que permitirá a los visitantes conocer, en detalle, la dinámica de comercio internacional y las formas de vida ligadas al puerto en una época clave de la historia porteña.
Barraca Peña, cuyo origen se remonta a 1774, fue fundada por el comerciante gallego Francisco de la Peña Fernández, y con el tiempo se transformó en una pieza arquitectónica y funcional clave dentro del modelo agroexportador que dominó la economía argentina durante el período de expansión del comercio transatlántico. Este edificio no solo operó como depósito de mercaderías, sino que llegó a conformar un complejo estructural con múltiples funciones: albergaba espacios de almacenamiento, zonas de acopio, mercados y conexiones ferroviarias que facilitaban la llegada y salida de productos hacia Europa y otros destinos.
El plan de restauración de Barraca Peña se está llevando a cabo en distintas etapas cuidadosamente planificadas. Actualmente, según informan las autoridades porteñas, se espera que los trabajos culminen en julio de este año, momento en que el edificio abrirá sus puertas al público como museo. Este nuevo espacio no surgirá de manera aislada; por el contrario, se sumará a un circuito cultural ya consolidado en La Boca —que incluye lugares emblemáticos como Caminito, Colón Fábrica y la Fundación Proa— y proporcionará una perspectiva única y profunda sobre la memoria portuaria de Buenos Aires, reflejando cómo funcionaba y cómo era percibida esta actividad en el corazón de la ciudad.
La historia de Barraca Peña es, en sí misma, un testimonio del desarrollo urbano e industrial de Buenos Aires. Durante fines del siglo XIX y principios del XX, este sitio albergó dos secciones principales dedicadas a la producción y el almacenamiento. Una de ellas todavía se mantiene en pie, mientras que otra se encuentra en estado ruinoso. Entre los componentes que formaban parte de este entramado estaban el almacén de ramos generales conocido como “El Triunfo” y el mercado de productos como lana, carbón y frutos que se conocía como “La Lanera”. Estos espacios funcionaban como centros neurálgicos de intercambio y distribución de bienes dentro de una dinámica económica global que conectaba la Argentina con los mercados europeos y del resto del mundo.
Pero Barraca Peña no solo es relevante por su valor arquitectónico y comercial; también ha sido escenario de importantes hallazgos arqueológicos. Durante las intervenciones realizadas en el predio se han descubierto restos sorprendentes, entre los que se incluye un patio con una cisterna que data del siglo XVII, así como los restos de un navío del siglo XVI, llamado por los especialistas como el “Pecio”, enterrado bajo el terreno de la barraca. Estos hallazgos no solo enriquecen el valor histórico del lugar, sino que también ofrecen información vital sobre las primeras etapas de ocupación humana y actividades marítimas en la región del Riachuelo antes incluso de la consolidación formal de Buenos Aires como una ciudad organizada bajo dominio virreinal.
Este proyecto ha sido impulsado y supervisado por el Gobierno de la Ciudad, con la participación de diversas áreas relacionadas con cultura y patrimonio. Ha sido destacado por el Jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, junto con la ministra de Cultura, Gabriela Ricardes, y el subsecretario de Patrimonio y Desarrollo Cultural, Leonardo Bellante, quienes han enfatizado que Barraca Peña es uno de los inmuebles más antiguos que conserva la Ciudad de Buenos Aires, con documentación que incluso precede al período del Virreinato. Según han expresado, lo que comenzó como un intento de recuperar un edificio con valor histórico terminó siendo una experiencia de descubrimiento continuo, ya que cada etapa de restauración ha revelado nuevas piezas de historia urbana, social y económica.
La transformación de Barraca Peña en museo representa un esfuerzo por preservar y difundir un legado que forma parte de la identidad porteña. Una vez que las obras estén terminadas, los visitantes podrán recorrer el interior del edificio y descubrir cómo era la vida comercial y portuaria de La Boca en el siglo XIX, tal como la retrató el famoso pintor Benito Quinquela Martín en sus obras. Algunas áreas, como el almacén “El Triunfo”, ya han sido restauradas, mientras que próximamente se trabajará en la adecuación de salas de exposición, la creación de una terraza mirador con vista al Riachuelo que formará parte de “La Lanera”, y la recuperación de los elementos arqueológicos descubiertos durante las obras. También se contempla la construcción de un estacionamiento especialmente pensado para micros turísticos y escolares, lo que sugiere que el museo buscará convertirse en un recurso educativo y turístico de primer orden.
Además de su valor específico, Barraca Peña se incorpora así a la red de sitios arqueológicos y patrimoniales abiertos al público en la Ciudad de Buenos Aires. Ejemplos de estos espacios incluyen otros lugares históricos como La Cisterna y Virrey Liniers en el barrio de Monserrat, así como La Noria en Villa Riachuelo, donde también se preservan restos significativos de la historia local. Este impulso por poner en valor el patrimonio histórico porteño refleja una tendencia creciente hacia la recuperación de lugares que, más allá de su valor arquitectónico, explican procesos económicos, migratorios y sociales fundamentales en la construcción de la identidad porteña y argentina.
En definitiva, la apertura del museo en Barraca Peña constituye un hecho de relevancia tanto para la comunidad local como para visitantes de todo el mundo, ya que permitirá reconstruir, a través de objetos, espacios y relatos, cómo se desarrollaba la actividad cotidiana en un puerto que fue epicentro de la vida comercial del país durante buena parte de los siglos XVIII y XIX, y que fue protagonista de la historia urbana de Buenos Aires desde sus primeros pasos como metrópolis en crecimiento.
