En el marco de un nuevo aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, se realizó un acto significativo en el Espacio Memoria y Derechos Humanos ubicado en la ex ESMA, uno de los sitios más emblemáticos del horror vivido durante la última dictadura cívico-militar en Argentina. La jornada estuvo atravesada por un fuerte sentido de reflexión, reconocimiento y compromiso, en un contexto particularmente relevante: se cumplen cincuenta años del inicio de un período que dejó una marca indeleble en la historia del país.
La actividad tuvo como eje central destacar el trabajo sostenido de diversas personas e instituciones que, a lo largo de décadas, han mantenido viva la memoria colectiva y han contribuido a la defensa de los derechos humanos. En ese sentido, se rindió homenaje a figuras cuya trayectoria estuvo marcada por la búsqueda de verdad y justicia, muchas veces en condiciones adversas y enfrentando el silencio, la negación o incluso la complicidad de sectores de poder.
Lejos de tratarse de una conmemoración meramente simbólica, el encuentro puso de relieve que la memoria es una construcción activa, dinámica y en permanente disputa. No se limita a recordar hechos pasados, sino que implica interpretarlos, resignificarlos y transmitirlos a las nuevas generaciones. En este proceso, el rol de la sociedad en su conjunto resulta fundamental, ya que es a través del compromiso colectivo que se logra evitar la repetición de tragedias como las ocurridas durante la dictadura.
Durante el acto, se subrayó la importancia de sostener las políticas públicas vinculadas a la memoria, la verdad y la justicia, que han sido pilares en la consolidación democrática argentina desde el retorno a la institucionalidad en 1983. Estas políticas no solo permitieron juzgar a los responsables de crímenes de lesa humanidad, sino que también contribuyeron a la construcción de una conciencia social basada en el respeto irrestricto por los derechos humanos.
Uno de los puntos más destacados de la jornada fue la preocupación expresada por el resurgimiento de discursos negacionistas o relativizadores del terrorismo de Estado. En los últimos años, han cobrado visibilidad ciertas posiciones que buscan minimizar la magnitud de los crímenes cometidos o cuestionar el consenso construido en torno al “Nunca Más”. Frente a este escenario, los participantes coincidieron en que resulta imprescindible redoblar los esfuerzos para sostener la memoria histórica y evitar retrocesos.
La elección de la ex ESMA como escenario del acto no fue casual. Durante la dictadura, este predio funcionó como uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio. Miles de personas pasaron por allí, muchas de las cuales permanecen desaparecidas hasta el día de hoy. Sin embargo, en la actualidad, el lugar ha sido resignificado como un espacio destinado a la promoción de los derechos humanos, la educación y la memoria. Esta transformación simboliza el recorrido de la sociedad argentina en su camino hacia la justicia y la reparación.
En este contexto, también se destacó el papel fundamental de los organismos de derechos humanos, cuya lucha fue clave para visibilizar los crímenes del terrorismo de Estado en un momento en que predominaban el miedo y el silencio. Organizaciones como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, entre otras, no solo impulsaron la búsqueda de sus familiares desaparecidos, sino que también lograron instalar en la agenda pública la necesidad de verdad y justicia.
El acto incluyó además una reflexión sobre el valor pedagógico de la memoria. Se insistió en que las nuevas generaciones deben conocer lo ocurrido durante la dictadura, no como un dato lejano o abstracto, sino como parte de una historia que aún tiene consecuencias en el presente. La transmisión de esta memoria resulta clave para formar ciudadanos críticos, capaces de reconocer y rechazar cualquier forma de autoritarismo o vulneración de derechos.
Asimismo, se remarcó que la memoria no debe limitarse a fechas conmemorativas, sino que debe formar parte de la vida cotidiana y de las prácticas sociales e institucionales. Recordar implica asumir una responsabilidad activa: la de construir una sociedad más justa, inclusiva y democrática, en la que los derechos humanos sean respetados de manera plena.
Otro aspecto abordado durante la jornada fue la necesidad de fortalecer las instituciones democráticas frente a los desafíos actuales. A medio siglo del golpe, el contexto global y local presenta nuevas tensiones, y la defensa de la democracia requiere un compromiso constante. En este sentido, la memoria aparece como una herramienta indispensable para comprender el presente y proyectar el futuro.
El reconocimiento a las personas homenajeadas no solo buscó destacar sus trayectorias individuales, sino también poner en valor el esfuerzo colectivo de quienes, desde distintos ámbitos, han contribuido a sostener la memoria y a promover la justicia. Sus historias reflejan una lucha persistente, muchas veces invisibilizada, pero fundamental para la consolidación de una sociedad más consciente y comprometida.
Finalmente, el acto concluyó con un mensaje claro y contundente: mantener viva la llama de la memoria es una tarea permanente, que requiere del compromiso de toda la sociedad. No se trata únicamente de recordar a las víctimas del terrorismo de Estado, sino de reafirmar valores como la verdad, la justicia y la dignidad humana. En un contexto en el que resurgen discursos que buscan relativizar el pasado, la memoria se convierte en una herramienta esencial para defender la democracia y garantizar que hechos como los ocurridos durante la dictadura no vuelvan a repetirse.
De este modo, la conmemoración no solo funcionó como un espacio de recuerdo, sino también como una instancia de reafirmación de principios y de renovación del compromiso colectivo. A cincuenta años del golpe de Estado, la sociedad argentina continúa construyendo memoria, entendida no como un ejercicio nostálgico, sino como una práctica viva, necesaria y profundamente política, orientada a la defensa de los derechos humanos y a la consolidación de una democracia más sólida y participativa.
