Durante décadas, cuando se habla del origen histórico de la Ciudad de Buenos Aires, la mayoría de las miradas se dirigen casi automáticamente hacia San Telmo. Sus calles empedradas, sus casas coloniales, los conventillos y su intensa vida cultural refuerzan la idea de que allí comenzó todo. Sin embargo, esta creencia tan arraigada no es del todo correcta. Existe otro sector de la ciudad que antecede incluso al Virreinato del Río de la Plata y que constituye, en rigor, el verdadero núcleo fundacional de la capital argentina.
Ese lugar es Monserrat, el barrio más antiguo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ubicado dentro de la Comuna 1, este territorio guarda más de dos siglos y medio de historia y concentra algunos de los edificios, plazas y espacios públicos más emblemáticos del país. A pesar de que muchas veces se lo confunde con áreas vecinas, Monserrat fue el escenario principal donde se desarrollaron los primeros pasos institucionales, políticos y sociales de la ciudad.
Los orígenes del barrio se remontan a la segunda fundación de Buenos Aires, realizada en 1580 por Juan de Garay. Desde entonces, la zona comenzó a consolidarse como el centro administrativo y religioso del asentamiento. El nombre original del barrio fue “Montserrat”, en referencia a la iglesia construida hacia 1750 en honor a la Virgen de Montserrat. Esta edificación fue impulsada por el catalán Juan Pedro Serra y diseñada por el arquitecto Antonio Masella. Con el paso del tiempo, la denominación perdió la letra “t” y quedó establecida como Monserrat, tal como se la conoce hoy.
Durante los siglos XVIII y XIX, el territorio que actualmente ocupa el barrio estaba dividido de manera informal. A la altura de lo que hoy es la intersección de la calle Piedras y la Avenida de Mayo, el espacio se separaba en dos sectores: hacia el sudeste se lo conocía como “Catedral al Sur”. Además, en distintos momentos históricos, la zona recibió apodos populares como “Barrio del Tambor” o “Barrio del Mondongo”, debido a la importante presencia de población afrodescendiente y esclavos que vivían allí y marcaban la vida cotidiana del lugar con sus tradiciones culturales.
Monserrat cuenta con una superficie aproximada de 2,2 kilómetros cuadrados y está delimitado por arterias clave de la ciudad, como las avenidas Entre Ríos, Rivadavia, Leandro N. Alem, Paseo Colón, Independencia, Ingeniero Huergo y otras calles históricas. Uno de los puntos que genera mayor confusión es su límite con San Telmo, tradicionalmente establecido en la calle Chile, por donde antiguamente corría el Zanjón de Granados, un arroyo que hoy se encuentra entubado.
Dentro de Monserrat se concentran sitios fundamentales para comprender la historia argentina. La Plaza de Mayo, por ejemplo, es el corazón político y simbólico del país. Allí tuvieron lugar los acontecimientos más trascendentes: desde manifestaciones populares, celebraciones y conflictos, hasta hechos dolorosos como atentados y represiones. En ese mismo espacio se desarrollaron las rondas históricas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo durante la última dictadura militar, así como celebraciones masivas en el retorno de la democracia en 1983 y despedidas multitudinarias, como la que se realizó tras la muerte de Diego Maradona.
Muy cerca se encuentra el Museo del Bicentenario, un espacio cultural subterráneo emplazado sobre antiguas galerías de la vieja aduana colonial. El museo ofrece un recorrido por la historia nacional a través de fotografías, material audiovisual, documentos y obras artísticas, y suele contar con visitas guiadas para profundizar en el pasado argentino.
Otro punto destacado es la histórica Librería de Ávila, considerada la más antigua de Buenos Aires. Fundada originalmente como la Librería del Colegio, este local no solo es un emblema cultural sino también un sitio donde se pueden encontrar ediciones antiguas, libros raros y piezas fundamentales de la literatura argentina, latinoamericana e internacional.
La Manzana de las Luces es otro de los grandes tesoros del barrio. Desde comienzos del siglo XIX albergó instituciones educativas, religiosas y culturales de enorme relevancia, como la Iglesia de San Ignacio de Loyola y el Colegio Nacional de Buenos Aires. Hoy funciona como un complejo histórico abierto al público, con visitas guiadas, exhibiciones y actividades académicas.
Monserrat también es protagonista de un hito urbano sin precedentes en la región: allí se encuentra la Avenida de Mayo, inaugurada el 9 de julio de 1894. Esta arteria no solo fue la primera avenida de Buenos Aires, sino también la primera de toda Sudamérica y de América Latina. Inspirada en los grandes bulevares parisinos, fue concebida como un eje monumental que uniera simbólicamente el Poder Ejecutivo, representado por la Casa Rosada, con el Poder Legislativo, ubicado en el Congreso Nacional.
A fines del siglo XIX, la Argentina atravesaba un período de fuerte crecimiento económico y una intensa ola inmigratoria que marcaría para siempre su identidad cultural. La Avenida de Mayo se convirtió entonces en una expresión de modernidad, progreso y aspiraciones europeas, reflejadas en su arquitectura, sus cafés históricos y su arboleda característica.
Recorrer Monserrat es, en definitiva, caminar por el origen mismo de Buenos Aires. Más allá de los mitos populares, este barrio representa el verdadero punto de partida de la ciudad y conserva, entre sus calles y edificios, la memoria viva de más de 250 años de historia argentina.
