Cada 30 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria, una fecha que pretende funcionar como recordatorio global de la gravedad y la complejidad de estas enfermedades, así como de la necesidad urgente de ofrecerles atención especializada. El lazo azul, símbolo que identifica esta jornada, aparece como una invitación a reflexionar sobre el estigma, la desinformación y el silencio que aún rodean a los trastornos alimentarios, considerados hoy uno de los problemas de salud mental más extendidos en el mundo.
Esta efeméride no nació de instituciones formales, sino de la iniciativa ciudadana. A finales de 2012, un grupo de activistas y administradoras de una comunidad de apoyo en redes sociales decidió impulsar un día específico que permitiera visibilizar las dificultades que viven las personas con anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y otros trastornos alimentarios. La idea surgió como respuesta a la necesidad de crear un espacio seguro donde se pudiera hablar sin miedo al juicio, romper los tabúes y construir redes de contención emocional. Con el tiempo, esta propuesta espontánea adquirió reconocimiento internacional, transformándose en una plataforma para exigir políticas públicas, mejor calidad de atención y mayor comprensión social.
Durante décadas, los TCA fueron vulgarmente interpretados como hábitos excéntricos, conductas superficiales o problemas relacionados únicamente con la vanidad. Sin embargo, este enfoque reduccionista fue progresivamente desmontado por la evidencia científica, demostrando que se trata de trastornos mentales severos, con raíces multifactoriales. La biología, la genética, la dinámica familiar, los condicionamientos culturales, el entorno social y hasta la influencia de los medios juegan un papel decisivo en su aparición. Lejos de ser elecciones o simples obsesiones estéticas, son afecciones que pueden afectar gravemente la salud física y emocional, y que requieren tratamiento profesional sostenido.
La instauración de esta fecha internacional buscó justamente modificar la percepción pública, recordando que estos trastornos no discriminan por género, edad o condición social. También pretende llamar la atención sobre un dato alarmante: la anorexia nerviosa se encuentra entre los trastornos psiquiátricos con mayor índice de mortalidad, ya sea por las complicaciones médicas que provoca o por el riesgo de suicidio asociado. Poner el tema sobre la mesa no solo ayuda a promover la empatía, sino también a exigir mejores sistemas de atención y estrategias preventivas.
En Argentina, esta conmemoración se articula con un marco legal que protege y garantiza el derecho a la salud. La Ley 26.396 obliga a las obras sociales y a las empresas de medicina prepaga a brindar cobertura integral a las personas con TCA, y también establece medidas de amparo contra cualquier forma de discriminación. Este respaldo normativo constituye un pilar clave para asegurar que quienes atraviesan estas enfermedades puedan acceder a equipos interdisciplinarios, tratamientos prolongados y espacios terapéuticos especializados.
Cada año, organizaciones civiles, instituciones educativas, áreas de salud pública y profesionales vinculados a la salud mental impulsan campañas de información, encuentros, charlas y jornadas de sensibilización. Estas actividades buscan no solo ampliar el conocimiento general sobre los trastornos alimentarios, sino también fomentar la detección temprana. En escuelas, hospitales y centros comunitarios se organizan talleres y capacitaciones que permiten a docentes, familias y estudiantes reconocer señales de alerta y comprender la importancia de pedir ayuda profesional lo antes posible.
Uno de los objetivos centrales que guían estas acciones es el desmontaje de mitos todavía muy arraigados. Uno de ellos es la creencia de que los TCA afectan exclusivamente a chicas adolescentes con bajo peso. La realidad es mucho más compleja: hombres, mujeres, niños, personas adultas e incluso mayores pueden verse afectados, y no todos los casos implican una delgadez visible. El lazo azul, adoptado como insignia de apoyo, también busca recordarle a la sociedad la necesidad de entornos más respetuosos y empáticos, donde ninguna persona sea juzgada por su cuerpo, sus hábitos alimentarios o su condición de salud mental.
A nivel internacional, diversos estudios sostienen que los trastornos alimentarios están entre las condiciones crónicas más frecuentes durante la adolescencia. La prevalencia en esta etapa del desarrollo es especialmente alta debido a los cambios corporales, la presión social, la vulnerabilidad emocional y la exposición a estándares de belleza estrictos que circulan en redes sociales y medios digitales. La anorexia nerviosa, en particular, es señalada como una de las enfermedades psiquiátricas más peligrosas, no solo por su impacto metabólico y orgánico, sino por sus implicancias psicológicas profundas.
La detección temprana se vuelve así un factor decisivo para mejorar el pronóstico. Intervenir durante los primeros años del trastorno aumenta significativamente las posibilidades de recuperación y disminuye el riesgo de cronificación. Por ese motivo, el Día Internacional de la Lucha contra los TCA insiste en la importancia de que las familias, docentes, profesionales de atención primaria y círculos cercanos estén atentos a signos como la distorsión de la imagen corporal, las dietas extremas, el ejercicio compulsivo o la preocupación obsesiva por el peso y la apariencia física.
En definitiva, esta jornada busca mucho más que generar conciencia por un día. Se propone abrir conversaciones necesarias, acompañar a quienes atraviesan estas enfermedades, exigir tratamientos adecuados, combatir el estigma y promover una mirada más humana y compasiva. El lazo azul, símbolo central de la conmemoración, representa justamente ese compromiso colectivo de no mirar hacia otro lado y de reconocer que los trastornos de la conducta alimentaria son problemas de salud mental graves, complejos y urgentes, que merecen atención, recursos y una sociedad mejor informada.
