La Selección Argentina volvió a escribir una página inolvidable en la historia del fútbol. En una semifinal cargada de tensión, emociones y dramatismo, el vigente campeón del mundo derrotó por 2-1 a Inglaterra luego de comenzar en desventaja y selló su clasificación a una nueva final mundialista. Los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez, ambos en el tramo decisivo del encuentro, desataron el festejo de miles de hinchas que acompañaron al equipo y permitieron que el sueño del bicampeonato siga más vivo que nunca.

No era un compromiso cualquiera. El peso de una semifinal, la rivalidad histórica entre ambas selecciones y la posibilidad de disputar otra final del mundo convirtieron al encuentro en una verdadera batalla futbolística desde el pitazo inicial. Ninguno de los dos equipos quiso regalar espacios ni asumir riesgos innecesarios en los primeros minutos, por lo que el desarrollo estuvo marcado por la intensidad, las disputas físicas y una constante lucha por el control de la pelota.

Argentina entendió rápidamente cuál era el plan de Inglaterra: presionar alto, incomodar la salida y tratar de imponer un ritmo vertiginoso. Sin embargo, el conjunto dirigido por Lionel Scaloni respondió con paciencia. En lugar de entrar en el juego frenético que proponía su rival, apostó por la circulación del balón y por bajar las revoluciones del partido cada vez que tuvo la posesión.

Los primeros minutos estuvieron cargados de roces y discusiones. Cada pelota dividida se disputó como si fuera la última y el árbitro debió intervenir en varias ocasiones para evitar que el clima se desbordara. La tensión era evidente tanto dentro del campo como en las tribunas, donde miles de argentinos alentaban sin descanso.

Con el correr del tiempo comenzó a aparecer la figura de Leandro Paredes, quien se adueñó del mediocampo con su capacidad para distribuir el juego y administrar los tiempos. A su alrededor crecieron las actuaciones de Alexis Mac Allister y Enzo Fernández, siempre ofreciendo líneas de pase y permitiendo que la Selección encontrara mayor claridad para avanzar.

Mientras tanto, Inglaterra buscaba lastimar principalmente por las bandas. La velocidad de sus extremos generó algunos inconvenientes para la defensa argentina, especialmente cuando el ataque progresaba por el sector derecho. Sin embargo, el equipo sudamericano logró contener esos intentos gracias a un trabajo colectivo sólido y a la seguridad que transmitía Emiliano «Dibu» Martínez desde el arco.

Lionel Messi empezó a tomar protagonismo con el paso de los minutos. Cada intervención del capitán despertaba expectativa. Con su capacidad para desequilibrar en espacios reducidos, comenzó a romper líneas rivales mediante paredes, gambetas y cambios de ritmo que obligaban a Inglaterra a multiplicar las infracciones para detenerlo.

Harry Kane, consciente de que su equipo necesitaba mayor participación ofensiva, retrocedía varios metros para involucrarse en la elaboración del juego. En cambio, Jude Bellingham, llamado a ser una de las principales figuras inglesas, nunca consiguió encontrar espacios ni imponer su jerarquía. La presión ejercida por los mediocampistas argentinos terminó anulándolo durante gran parte del encuentro.

Las oportunidades comenzaron a aparecer para ambos equipos. Argentina elaboró una buena acción colectiva que terminó con un centro peligroso y otra combinación entre Messi, Tagliafico y Julián Álvarez que por muy poco no terminó en gol. Inglaterra respondió con transiciones rápidas que obligaron a la defensa albiceleste a mantenerse siempre en alerta.

El primer tiempo mantuvo un ritmo intenso de principio a fin. Ninguno de los dos lograba imponerse con claridad, pero ambos dejaban en evidencia que estaban dispuestos a dejar todo por un lugar en la final.

En el complemento el partido cambió de escenario. Inglaterra aprovechó uno de sus mejores ataques por la banda derecha para romper el cero. Tras un desborde preciso y un centro al área, la defensa argentina no logró despejar y el conjunto europeo encontró el gol que le daba una ventaja parcial y parecía acercarlo al partido decisivo.

El impacto fue importante, aunque lejos de desmoronarse, Argentina reaccionó casi de inmediato. Messi asumió nuevamente el liderazgo futbolístico y emocional del equipo. Cada pelota pasaba por sus pies y desde allí comenzaban a construirse las jugadas de mayor peligro.

Scaloni movió el banco de suplentes buscando mayor profundidad ofensiva. El ingreso de Nicolás González aportó velocidad y desequilibrio por el sector izquierdo, mientras Enzo Fernández comenzó a soltarse con mayor frecuencia hacia posiciones ofensivas.

A partir de ese momento el dominio argentino fue absoluto. Inglaterra retrocedió varios metros y apostó a resistir la ventaja, mientras la Albiceleste acumulaba llegadas de peligro una tras otra. Pickford comenzó a transformarse en una de las figuras del conjunto europeo con intervenciones decisivas frente a remates de González, Enzo y Julián Álvarez.

Los palos también parecían conspirar contra la ilusión argentina. Alexis Mac Allister estrelló un remate en el poste y poco después volvió a generar otra ocasión clarísima que no terminó en gol por muy poco. Sin embargo, el equipo nunca dejó de insistir.

La recompensa llegó cuando el reloj ingresaba en su tramo decisivo. Después de una serie de ataques consecutivos, Enzo Fernández apareció dentro del área para conectar una pelota y establecer el 1-1. El empate hizo estallar al estadio y renovó por completo el impulso anímico de los campeones del mundo.

Lejos de conformarse con llevar la definición al tiempo suplementario, Argentina decidió seguir atacando. Inglaterra acusó el desgaste físico y ya no pudo sostener el mismo nivel defensivo. Los espacios comenzaron a aparecer y la Selección los aprovechó con inteligencia.

En una de las últimas grandes jugadas del partido llegó el golpe definitivo. Tras una excelente acción colectiva iniciada por la derecha, el centro encontró a Lautaro Martínez en el área. El delantero resolvió con categoría y envió la pelota al fondo de la red para sellar el 2-1 definitivo.

El grito de gol fue una explosión de emoción. Jugadores, cuerpo técnico e hinchas celebraron una remontada que quedará entre las más recordadas del seleccionado argentino en los últimos años.

Los minutos finales mostraron el enorme compromiso colectivo del equipo. Julián Álvarez colaboró en la recuperación, Rodrigo De Paul volvió a recorrer cada rincón del campo con un despliegue incansable, Cristian Romero sostuvo la última línea con firmeza y Emiliano Martínez respondió con seguridad cada vez que Inglaterra intentó un último avance desesperado.

Cuando el árbitro marcó el final, la clasificación quedó sellada. Argentina volvió a demostrar que, además de talento, posee personalidad, resiliencia y una enorme fortaleza para sobreponerse a la adversidad en los momentos más importantes.

Ahora el desafío será aún mayor. En la gran final espera España, otro de los mejores equipos del torneo. Allí estará en juego no solo un nuevo título mundial, sino también la posibilidad de que la Selección alcance un histórico bicampeonato y continúe construyendo una era dorada que ya ocupa un lugar privilegiado en la memoria del fútbol argentino. Con actuaciones como la de esta semifinal, el conjunto albiceleste volvió a confirmar que nunca se rinde y que, aun en los momentos más difíciles, siempre encuentra la manera de seguir haciendo historia.

julio 16, 2026