El transporte público del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) atraviesa un escenario complejo, marcado por la pérdida de pasajeros, el encarecimiento de los boletos y las dificultades para garantizar viajes regulares y previsibles. A pesar de los aumentos aplicados en colectivos, trenes y subtes, los usuarios no encuentran una mejora equivalente en la calidad de las prestaciones, mientras que el tiempo destinado a los desplazamientos continúa siendo uno de los principales problemas de la movilidad cotidiana.
La situación fue analizada por María Migliore durante una entrevista en Infobae en Vivo, donde expuso diferentes factores que ayudan a comprender por qué cada vez menos personas utilizan los medios de transporte tradicionales. De acuerdo con los datos examinados por la especialista, la disminución de pasajeros alcanza niveles significativos, especialmente en el servicio de colectivos, cuya utilización registra una caída de hasta el 31% en el área metropolitana.
El fenómeno también tiene consecuencias directas sobre la economía de los hogares. Según el relevamiento presentado por Migliore, el gasto destinado a trasladarse pasó de representar el 12,6% de un salario promedio al 15%. Esta variación refleja el peso creciente que adquiere la movilidad dentro del presupuesto mensual, en particular para quienes deben viajar desde el conurbano hacia la Ciudad de Buenos Aires para cumplir con sus obligaciones laborales.
Tarifas más altas y un servicio que no logra mejorar
Uno de los principales cuestionamientos se relaciona con la diferencia entre el costo del boleto y las condiciones que encuentran los pasajeros al momento de viajar. Los incrementos tarifarios de los últimos meses afectaron a los distintos medios de transporte, pero no estuvieron acompañados por una recuperación generalizada de las frecuencias ni por una reducción de los tiempos de espera.
Migliore señaló que la circulación de colectivos disminuyó, con una situación especialmente desfavorable en el territorio metropolitano. También advirtió sobre la menor frecuencia de los trenes y el deterioro registrado en los intervalos de paso de la mayoría de las líneas de subte al comparar los registros de 2023 con los de 2025.
Estas dificultades repercuten en la organización de las actividades cotidianas. La falta de horarios confiables obliga a los pasajeros a destinar más tiempo a sus recorridos, contemplar posibles demoras y modificar sus rutinas para llegar a tiempo al trabajo, los establecimientos educativos o los turnos médicos.
En ese contexto, trasladarse desde distintos puntos del conurbano hasta la capital puede demandar alrededor de dos horas diarias, incluso cuando no se producen inconvenientes extraordinarios. El tiempo empleado para viajar se suma al costo económico y reduce las horas disponibles para el descanso, la vida familiar y otras actividades personales.
La situación no afecta de la misma manera a toda la población. Quienes cuentan con recursos para utilizar un automóvil, una motocicleta o servicios de transporte mediante aplicaciones tienen mayores posibilidades de reemplazar el colectivo, el tren o el subte. En cambio, las personas que dependen exclusivamente de la red pública disponen de menos alternativas para resolver sus desplazamientos.
Los cambios posteriores a la pandemia modificaron la movilidad
La reducción de usuarios no puede explicarse únicamente por las tarifas. La pandemia de COVID-19 también produjo transformaciones profundas en los hábitos de traslado que, con el paso de los años, no revirtieron por completo.
La expansión del trabajo remoto y de los esquemas híbridos disminuyó la necesidad de concurrir presencialmente a las oficinas durante toda la semana. Para una parte de los trabajadores, esto significó pasar de realizar cinco viajes semanales a efectuar menos desplazamientos, con un impacto directo sobre la cantidad de pasajeros que utiliza el transporte público.
Sin embargo, el análisis señala que la recuperación de la demanda en la Argentina no alcanzó los niveles observados en otros países después de la emergencia sanitaria. A esta situación se sumaron las dificultades económicas y los cambios residenciales que llevaron a algunas personas a instalarse en zonas más alejadas de los principales centros urbanos.
El crecimiento de determinados sectores del conurbano, especialmente en áreas de las zonas norte y sur de la provincia de Buenos Aires, plantea nuevos desafíos para una red que necesita conectar localidades, barrios y centros de actividad con criterios de planificación comunes.
Cuando la expansión urbana se produce sin una infraestructura de transporte adecuada, los recorridos pueden volverse más extensos y las conexiones entre municipios resultan menos eficientes. La congestión vehicular, las distancias y la falta de coordinación entre los distintos servicios terminan condicionando la experiencia de quienes necesitan trasladarse todos los días.
Las aplicaciones y los medios alternativos ganan terreno
Frente a las dificultades del transporte tradicional, las plataformas de movilidad y otras opciones de desplazamiento adquirieron mayor protagonismo. Las motocicletas, las bicicletas y los vehículos particulares aparecen entre las alternativas que algunas personas consideran para reducir los tiempos de viaje o evitar las esperas.
El crecimiento de estas modalidades también se vincula con las estrategias que adoptan los hogares para afrontar la pérdida de poder adquisitivo. Las aplicaciones de transporte, por ejemplo, no representan solamente una nueva forma de trasladarse: también pueden convertirse en una fuente de ingresos adicionales para trabajadores, profesionales y jubilados que buscan complementar sus recursos.
No obstante, estas alternativas no están disponibles en las mismas condiciones para todos los habitantes del AMBA. La posibilidad de abandonar el transporte público depende de los ingresos, las distancias, la infraestructura de cada zona y las necesidades particulares de cada persona.
Por ese motivo, la disminución de pasajeros también plantea un interrogante sobre la desigualdad en el acceso a la movilidad. Mientras algunos usuarios pueden elegir cómo trasladarse, otros quedan sujetos a las frecuencias, los recorridos y los precios de los servicios de los que dependen.
La necesidad de una planificación metropolitana
Otro de los puntos destacados por Migliore es la falta de una estrategia integral que contemple el funcionamiento del transporte en toda la región. La articulación entre colectivos, trenes y subtes resulta fundamental para facilitar los viajes y evitar que los usuarios deban enfrentar conexiones complicadas, esperas prolongadas o costos acumulados.
Como referencia, la especialista mencionó los modelos de ciudades europeas como Madrid y París, donde existe una mayor integración entre los diferentes medios de transporte. La idea consiste en pensar la movilidad como una red coordinada, en lugar de tratar cada servicio de manera aislada.
La implementación de una política de estas características requiere resolver cuestiones relacionadas con el financiamiento, la organización de los recorridos, la coordinación entre jurisdicciones y la definición de tarifas. También supone evaluar medidas que permitan mejorar la frecuencia de los colectivos y ofrecer alternativas competitivas frente al uso del automóvil particular.
El desafío económico es uno de los principales obstáculos. Cualquier modificación del sistema debe contemplar cómo se financian los servicios, qué parte del costo recae sobre los pasajeros y qué mecanismos pueden utilizarse para sostener una prestación regular sin profundizar las dificultades de acceso.
A su vez, mejorar el transporte público resulta importante para reducir la dependencia del automóvil, aliviar la congestión y facilitar los desplazamientos entre la Ciudad de Buenos Aires y los municipios bonaerenses.
Un problema que afecta la vida cotidiana
La caída de pasajeros, los aumentos tarifarios y las deficiencias en las frecuencias conforman un escenario que excede la discusión sobre el precio del boleto. La movilidad condiciona el acceso al empleo, la educación, la salud y numerosas actividades esenciales, por lo que las dificultades del sistema tienen consecuencias económicas y sociales.
El incremento del porcentaje del salario destinado a viajar muestra la presión que enfrentan los hogares, mientras que las demoras y la menor regularidad de los servicios agregan una carga de tiempo a los desplazamientos cotidianos.
En este contexto, la discusión sobre el futuro del transporte metropolitano incluye tanto la necesidad de garantizar tarifas accesibles como la de ofrecer servicios confiables, conexiones eficientes y una planificación que acompañe el crecimiento urbano.
La recuperación de pasajeros dependerá, entre otros factores, de la capacidad de mejorar las condiciones de viaje y de construir una red que responda a las necesidades actuales de la población. Para ello, la coordinación entre los distintos niveles de gobierno y una política de movilidad sostenida en el tiempo aparecen como elementos centrales.
El panorama expuesto por Migliore muestra que el sistema enfrenta desafíos simultáneos: sostener su financiamiento, evitar que el costo de viajar siga ganando peso en los ingresos y recuperar la confianza de quienes necesitan utilizarlo diariamente. La respuesta requerirá abordar estas cuestiones de manera conjunta, con el objetivo de que trasladarse por el AMBA resulte más accesible, eficiente y previsible para sus habitantes.
Créditos de la imagen a: NA
