En la ciudad de Buenos Aires existen espacios que con el paso del tiempo se transforman en verdaderos símbolos culturales. Uno de ellos es la feria de libros que funciona en el Parque Rivadavia, en el barrio de Caballito. Lo que comenzó hace más de siete décadas como un pequeño intercambio de revistas entre vecinos terminó convirtiéndose en una de las ferias literarias más importantes y tradicionales de la capital argentina.
Hoy este paseo es un punto de referencia para lectores, coleccionistas y curiosos que buscan ediciones difíciles de encontrar o simplemente desean perderse entre pilas de libros usados. Sin embargo, su origen fue mucho más humilde y espontáneo.
Los primeros encuentros bajo un ombú
Para comprender cómo nació esta feria hay que retroceder hasta la década de 1940. En aquellos años, el parque ya era un punto de reunión para aficionados a distintos tipos de coleccionismo. Cada domingo, varios entusiastas de la filatelia y la numismática se reunían bajo un antiguo ombú para intercambiar estampillas, monedas y otros objetos de colección.
Estos encuentros comenzaron a organizarse a partir de 1943 y fueron impulsados por la revista Rojinegro. Con el paso del tiempo, ese pequeño grupo de coleccionistas generó una tradición de intercambio que se mantuvo durante décadas y que terminó siendo el germen de lo que vendría después.
El nacimiento de la feria de libros
A comienzos de la década de 1950 ocurrió algo que marcaría el rumbo del lugar. Los hijos de aquellos coleccionistas que frecuentaban el parque empezaron a intercambiar también libros y revistas. Así, alrededor de 1953, se formó el antecedente directo de la actual feria de libreros.
En un principio, estos jóvenes colocaban sus publicaciones sobre la vereda del entonces Colegio Primera Junta. Con el tiempo se trasladaron a un sector cercano al paredón de la Escuela Normal Nº 4, junto al parque, donde comenzaron a instalarse de manera más estable. Ese mismo espacio continúa siendo hoy el lugar donde se desarrolla la feria.
De mesas improvisadas a puestos históricos
Durante los primeros años, los vendedores utilizaban estructuras muy simples para mostrar su material: caballetes, tablas o mesas improvisadas. Aun así, ese pequeño mercado comenzó a atraer cada vez a más visitantes interesados en conseguir lecturas a bajo precio o en intercambiar ejemplares.
Con el paso del tiempo, la feria fue creciendo en cantidad de puestos y también en variedad de productos. En las décadas de 1970 y 1980 el espacio ya estaba consolidado como un punto clave para los amantes de los libros usados. Era común ver a adolescentes o jóvenes vendiendo publicaciones que ya no utilizaban, con la idea de obtener algo de dinero o cambiarlas por otros títulos.
El parque también se convirtió en un lugar de encuentro para coleccionistas de discos de vinilo, aficionados a las antigüedades y personas interesadas en objetos curiosos o raros. Todo esto transformó el lugar en un auténtico centro cultural al aire libre.
Crisis y reorganización del espacio
El crecimiento constante de la feria también generó dificultades. Hacia finales de los años 80, especialmente durante la crisis económica de 1988 y 1989, el parque comenzó a llenarse de vendedores informales que ocupaban distintos sectores con mantas en el suelo. Esta situación afectó la organización del espacio y alteró el funcionamiento de la feria original.
Años más tarde, en 2003, el gobierno de la ciudad decidió reorganizar el paseo. Durante la gestión de Aníbal Ibarra se estableció un sistema de puestos formales y se otorgaron permisos municipales a los feriantes históricos. En total se asignaron alrededor de cien puestos y se diseñaron corredores específicos dentro del parque para ordenar la actividad.
Esta medida permitió preservar la identidad de la feria y al mismo tiempo darle un marco más organizado que facilitara su funcionamiento.
Un lugar único para los amantes de los libros
Actualmente, la feria funciona todos los días y es considerada una de las más importantes de Buenos Aires en materia de libros usados. Allí se pueden encontrar desde novelas clásicas hasta manuales antiguos, revistas fuera de circulación y ediciones que ya no se consiguen en librerías tradicionales.
Uno de los aspectos que más atrae a los visitantes es el ambiente particular del lugar. A diferencia de una librería convencional, los libros se exhiben en pilas o estanterías simples y la búsqueda suele convertirse en una experiencia casi arqueológica: hay que revisar, explorar y tener paciencia para descubrir verdaderos tesoros literarios.
Muchos de los puestos están atendidos por libreros con décadas de experiencia que conocen en detalle el material que venden y suelen orientar a quienes buscan un título específico.
Un patrimonio cultural del barrio
Más allá de su valor comercial, la feria del Parque Rivadavia representa una parte importante de la identidad del barrio de Caballito. Durante generaciones ha sido un lugar habitual para estudiantes, lectores y coleccionistas que buscan libros accesibles o simplemente disfrutan del paseo.
A lo largo del tiempo, el espacio también se convirtió en un símbolo de la cultura barrial porteña. Entre árboles, mesas llenas de libros y conversaciones sobre literatura, el lugar conserva un aire nostálgico que contrasta con el ritmo acelerado de la ciudad.
Más de setenta años después de aquellos primeros intercambios de revistas, la feria sigue viva y continúa evolucionando sin perder su esencia original: ser un punto de encuentro donde los libros cambian de manos, las historias se comparten y cada visitante puede descubrir un pequeño fragmento de la memoria cultural de Buenos Aires.
