Buenos Aires tiene una relación especial con sus cafés. Mucho más que lugares para desayunar, merendar o compartir una bebida, estos establecimientos forman parte de la vida cotidiana y de la memoria colectiva de la ciudad. A lo largo de los años, sus mesas fueron escenario de encuentros, conversaciones, debates y anécdotas que hoy integran el patrimonio cultural de la capital argentina.

Distribuidos en 25 barrios porteños, los bares notables se distinguen por su antigüedad, su arquitectura o la importancia que adquirieron para la comunidad. Algunos mantienen buena parte de su decoración original, mientras que otros conservan objetos y colecciones que permiten conocer distintas etapas de la historia local.

En vísperas de una nueva celebración, repasamos diez particularidades que ayudan a comprender por qué estos cafés siguen despertando el interés de vecinos y turistas.

1. Buenos Aires cuenta con más de 60 bares notables

La tradición cafetera ocupa un lugar destacado en la cultura porteña. Los bares históricos representan una forma de encuentro que atraviesa generaciones y que continúa vigente, a pesar de los cambios en las costumbres y en la gastronomía.

En la ciudad existen más de 60 establecimientos que se destacan por su trayectoria y por el valor cultural que representan. En sus salones conviven visitantes, clientes habituales y personas interesadas en conocer lugares que conservan parte del espíritu de otras épocas.

La posibilidad de sentarse a tomar un café, conversar durante horas o simplemente observar el movimiento de la calle forma parte de una costumbre muy arraigada entre los porteños.

2. Fueron escenario de encuentros entre grandes personalidades

Los primeros cafés notables comenzaron a surgir a mediados del siglo XIX. Con el paso del tiempo, se transformaron en espacios frecuentados por figuras de distintos ámbitos, desde la literatura y la música hasta la política.

En aquellos salones se desarrollaban tertulias, discusiones y reuniones que permitían intercambiar ideas y compartir proyectos. Entre las personalidades que frecuentaron estos lugares aparecen nombres como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Carlos Gardel y Juan Domingo Perón.

La presencia de estos protagonistas de la historia argentina contribuyó a convertir a los cafés en mucho más que establecimientos gastronómicos: también fueron puntos de encuentro para la actividad intelectual y cultural de Buenos Aires.

3. El Café Tortoni abrió sus puertas en 1858

Ubicado sobre la avenida de Mayo, el Café Tortoni es uno de los establecimientos más emblemáticos de la ciudad y se reconoce como el más antiguo de Buenos Aires. Su inauguración tuvo lugar el 26 de septiembre de 1858.

A lo largo de su extensa trayectoria, recibió a destacadas figuras del mundo artístico y literario, entre ellas Carlos Gardel, Julio Cortázar, Federico García Lorca y Jorge Luis Borges.

Su permanencia en el tiempo, su ambiente tradicional y su propuesta gastronómica lo convirtieron en una visita clásica para quienes desean acercarse a la historia porteña. Entre sus consumiciones más representativas se encuentran el café acompañado de medialunas y el chocolate caliente con churros.

Cada rincón del establecimiento permite imaginar las conversaciones y reuniones que tuvieron lugar allí durante más de un siglo y medio.

4. El Café Tabac estuvo relacionado con una revelación sobre Eva Perón

Una de las historias vinculadas con los cafés porteños remite al destino de los restos de Eva Duarte de Perón, una de las figuras más importantes de la historia política argentina.

Después de su fallecimiento, en 1952, su cuerpo fue velado ante una multitud. Sin embargo, tras el golpe de Estado de 1955, sus restos fueron sustraídos y su paradero quedó rodeado de secretos durante años.

En 1989, el escritor y periodista Tomás Eloy Martínez recibió una llamada del coronel Héctor A. Cabanillas, quien había tenido a su cargo el operativo de traslado de los restos. Ambos se encontraron en el Café Tabac, donde comenzaron a salir a la luz detalles de aquella historia.

El episodio quedó relacionado con la investigación que Martínez desarrolló para su reconocida novela Santa Evita, una obra que reconstruye los acontecimientos y misterios que rodearon el destino del cuerpo de la ex primera dama.

5. Algunos bares conservan colecciones dignas de un museo

La importancia patrimonial de los cafés no se limita a sus edificios o a las personalidades que pasaron por ellos. En algunos casos, sus interiores albergan verdaderas colecciones que pueden sorprender a los visitantes.

Un ejemplo es el Café El Banderín, que reúne alrededor de 500 banderas de clubes de fútbol. La colección convierte al establecimiento en un espacio especialmente atractivo para quienes disfrutan de este deporte y de su historia.

Otro caso es el Bar Palacio, vinculado con el Museo Fotográfico Simik, que cuenta con una colección de aproximadamente 20.000 fotografías.

Estos espacios permiten combinar una salida gastronómica con una experiencia cultural, en la que los objetos expuestos funcionan como testimonios de distintas épocas y tradiciones.

6. La oferta gastronómica va mucho más allá del café

Aunque la bebida que les da nombre ocupa un lugar central, los bares notables ofrecen alternativas para diferentes momentos del día. Sus cartas pueden incluir almuerzos, sándwiches tostados, pizzas, platos con mariscos y vermú, entre otras opciones.

Algunos establecimientos también incorporan productos particulares, como recuerdos para visitantes o especias, ampliando su propuesta más allá de la gastronomía tradicional.

La característica que los distingue es la convivencia entre estas actividades y el ambiente histórico que conservan. De esta manera, los clientes pueden disfrutar de una comida o una merienda en espacios que mantienen una identidad propia y una conexión directa con el pasado de la ciudad.

7. Una parada de Juan Domingo Perón en el Café Margot

Entre las anécdotas que circulan sobre los bares porteños se encuentra una protagonizada por Juan Domingo Perón durante la década de 1950.

Según cuenta la tradición, el entonces presidente regresaba de una reunión acompañado por su comitiva cuando decidió desviarse hacia la calle Boedo. El motivo habría sido probar un sándwich de pavita que le habían recomendado y que era una de las especialidades más conocidas del Café Margot.

La historia refleja la popularidad que podían alcanzar determinadas preparaciones gastronómicas, capaces de despertar el interés incluso de las figuras políticas más importantes del país.

El sándwich continúa asociado con la identidad del establecimiento, que conserva en su propuesta la posibilidad de degustar una de las especialidades que le dieron fama.

8. Carlos Gardel tenía un lugar reservado en el Café Tortoni

La relación de Carlos Gardel con los cafés de Buenos Aires también dejó historias particulares. De acuerdo con el relato del poeta tanguero Enrique Cadícamo, el cantante disponía de una mesa habitual en el Café Tortoni.

El lugar se encontraba hacia el costado derecho del salón, cerca de una ventana y próximo al acceso por la calle Rivadavia. Esa ubicación le permitía permanecer alejado de las miradas de sus admiradores mientras disfrutaba de su visita.

La anécdota suma un nuevo capítulo a la historia del Tortoni y demuestra el vínculo que existía entre los cafés tradicionales y los grandes exponentes del tango.

9. Muchos cafés comenzaron como almacenes y despachos de bebidas

El origen de algunos bares notables se encuentra relacionado con la historia de la inmigración en Argentina. Durante el siglo XIX y los primeros años del XX, numerosos inmigrantes italianos y españoles instalaron almacenes y negocios dedicados a la venta de bebidas.

Con el tiempo, varios de estos comercios fueron incorporando mesas y servicios que los acercaron al formato de los cafés tradicionales. Algunos conservaron elementos de su actividad inicial incluso después de transformarse en lugares de encuentro.

Esta evolución permite observar cómo los cambios sociales, económicos y culturales influyeron en la identidad de los barrios porteños y en la aparición de espacios que, con los años, adquirirían valor histórico.

10. El Bar El Montecarlo y su supuesto vínculo con el Che Guevara

El Bar El Montecarlo abrió sus puertas en 1922 y es otro de los establecimientos que mantienen viva la tradición de los cafés históricos de Buenos Aires.

Su ambiente remite a épocas pasadas y uno de sus rasgos distintivos es el tamaño de las tazas de café que sirve, consideradas entre las más grandes de la ciudad.

Además, existe una versión que señala que Ernesto Che Guevara habría tenido una especial preferencia por este lugar. Aunque la historia se presenta como una anécdota transmitida alrededor del establecimiento, forma parte de las curiosidades que alimentan su atractivo.

Una tradición que sigue viva en Buenos Aires

Los cafés notables constituyen una parte fundamental del patrimonio porteño. En sus salones se cruzan la gastronomía, la arquitectura, la literatura, el tango, la política y las costumbres cotidianas que fueron construyendo la identidad de la ciudad.

Por eso, el 26 de octubre representa una oportunidad para conocer estos espacios, recuperar sus historias y valorar su permanencia a lo largo del tiempo. Ya sea para descubrir una colección histórica, probar una especialidad tradicional o sentarse en una mesa que alguna vez ocupó una figura célebre, recorrer los cafés de Buenos Aires es también una manera de acercarse a la memoria cultural argentina.

Créditos de la imagen a: https://secretsofbuenosaires.com/es/cafe-tortoni-en-buenos-aires-historia-y-guia-para-visitarlo/ (Secrets of Buenos Aires)

octubre 22, 2026