Hay lugares de Buenos Aires que funcionan como mucho más que un museo. Son espacios capaces de reunir diferentes épocas, disciplinas artísticas, personajes y objetos para construir una memoria cultural que permanece viva con el paso del tiempo. La Botica del Ángel es uno de ellos. El Museo de Arte Escenográfico creado por Eduardo Bergara Leumann cumple 60 años y lo celebra con distintas actividades, homenajes y propuestas destinadas a recuperar el espíritu artístico que caracterizó al espacio desde sus comienzos.
La celebración encuentra a La Botica funcionando en su actual sede de Luis Sáenz Peña 541, en la Ciudad de Buenos Aires. El edificio, que originalmente fue una iglesia y actualmente se encuentra desacralizado, alberga 33 salas distribuidas entre distintos ambientes, patios, terrazas y pasillos. En ellos se conserva una colección de aproximadamente 2.000 objetos, obras de arte, documentos y recuerdos vinculados con distintas expresiones de la cultura argentina.
El aniversario no se limita a recordar la historia de la institución. Durante septiembre y octubre se desarrollarán diferentes encuentros. Uno de ellos tendrá lugar el 24 de septiembre y será una celebración privada en la que participará Mario Marzán, quien contará cómo fue su debut en La Botica. También estará presente la escritora Luisa Valenzuela, quien hablará sobre el vínculo de Bergara Leumann con su madre, la escritora Luisa Mercedes Levinson. La jornada incluirá además un espectáculo de magia y otras intervenciones artísticas.
El 1 de octubre habrá otra actividad reservada para invitados, esta vez destinada a los artistas plásticos cuyas obras forman parte de la colección reunida por Bergara y que actualmente se exhibe en el museo. La música también tendrá un lugar especial: se presentará Nico Favio, hijo del reconocido Leonardo Favio, artista que tuvo uno de sus primeros pasos en La Botica.
Antes de esas celebraciones privadas, el público podrá participar de una propuesta vinculada directamente con una de las grandes tradiciones asociadas al espacio. El sábado 26 de septiembre, a las 21, Laura Manzini presentará “Canciones rescatadas”, un espectáculo pensado como homenaje al café concert y a la historia del lugar que fue una de las cunas de este género en la Argentina.
La historia de La Botica del Ángel comenzó en 1966, cuando Eduardo Bergara Leumann inauguró su primera sede en Lima 670. El proyecto, curiosamente, no había nacido con la intención de convertirse en un espacio teatral. El lugar iba a ser utilizado como sastrería, pero una particularidad durante las obras terminó modificando el destino del inmueble.
Un carpintero construyó por error una tarima de grandes dimensiones. La actriz Lola Membrives vio allí la posibilidad de instalar un escenario y Bergara tomó la idea para transformar aquel accidente en una oportunidad. Así comenzó a desarrollarse un espacio que rápidamente se caracterizó por la combinación de teatro, música, humor, artes visuales y encuentros entre artistas.
El espíritu de La Botica también quedó marcado por la improvisación. José Luis Larrauri, quien trabajó durante dos décadas junto a Bergara Leumann y actualmente participa de las visitas guiadas, recuerda una situación en la que una artista se demoraba en salir a escena. Para mantener entretenido al público, Bergara tomó la cartera de una espectadora y comenzó a revisar su contenido frente a todos. Aquello que surgió como una improvisación terminó convirtiéndose en un sketch.
Ese tipo de situaciones ayudó a definir la identidad del lugar. La Botica no se ajustaba estrictamente a los límites de una sala teatral convencional. Era un espacio donde podían cruzarse artistas consagrados, nuevos talentos, músicos, actores, escritores y representantes de diferentes ramas de la cultura.
Entre quienes estuvieron vinculados con su historia aparece Leonardo Favio, que debutó allí y posteriormente recordó la importancia que tuvo Bergara en sus primeros años. También Susana Rinaldi dio allí sus primeros pasos vinculados con el tango. Con el tiempo, el escenario y los distintos ambientes de La Botica se convirtieron en punto de encuentro de numerosas figuras del arte y la cultura argentina.
La sede original, sin embargo, no sobrevivió al crecimiento urbano de Buenos Aires. Cuando se produjo la ampliación de la Avenida 9 de Julio, el edificio de Lima 670 fue demolido. Bergara decidió entonces rescatar distintos elementos del lugar: portones, molduras, columnas y figuras de ángeles fueron recuperados y trasladados a la nueva sede. De esa manera, parte de la historia física de la primera Botica pudo incorporarse al nuevo espacio.
La sede actual también tiene una historia particular. El edificio de Luis Sáenz Peña conserva el aspecto de una antigua iglesia y, detrás de su apariencia exterior, alberga una colección que puede resultar difícil de clasificar dentro de las categorías tradicionales de un museo. Precisamente esa mezcla es una de las características que distinguen a La Botica.
En sus salas conviven obras y documentos relacionados con figuras como Jorge Luis Borges, Antonio Berni, Libertad Lamarque y Eva Duarte, además de materiales vinculados con el tango, el folklore y otras manifestaciones populares. También existen espacios dedicados al circo criollo de los hermanos Podestá y sectores que juegan con el humor y la estética teatral, como el denominado “Baño de Shakespeare”.
La colección reúne aproximadamente 2.000 piezas y documentos. Entre ellos se encuentran obras de distintos artistas plásticos, objetos vinculados con figuras del espectáculo y documentos históricos. El recorrido no está planteado como una exposición convencional en la que cada elemento aparece aislado de los demás. Por el contrario, el conjunto refleja la manera en que Bergara entendía la cultura: diferentes expresiones podían encontrarse y dialogar entre sí.
El resultado es un museo particular, en el que pueden aparecer en un mismo recorrido referencias al arte, el teatro, la música, la literatura, el cine, el tango, el folklore y la cultura popular. Esa diversidad está directamente relacionada con la personalidad de su creador.
Eduardo Bergara Leumann no se limitó a desarrollar una carrera como actor. También fue conductor de televisión, vestuarista y artista visual. Condujo programas como “La Botica del Ángel” y “La Botica del Tango” y tuvo además una trayectoria internacional. Durante la década de 1970 dejó la Argentina y desarrolló actividades en el exterior. En Italia llegó a trabajar con el director Federico Fellini y posteriormente pasó por Estados Unidos, donde también presentó obras.
A su regreso a Buenos Aires, durante la década de 1980, Bergara se dedicó a recuperar parte de la colección que había quedado distribuida entre amigos durante sus años fuera del país. Con esos objetos volvió a poner en funcionamiento La Botica y continuó ampliando el patrimonio que hoy puede recorrerse en el museo.
Uno de los aspectos más particulares de la institución es precisamente la cantidad de historias asociadas a cada objeto. Las piezas no funcionan únicamente como elementos decorativos, sino como testimonios de diferentes momentos de la vida cultural argentina. Por eso, recorrer La Botica implica también reconstruir vínculos entre artistas, obras, espectáculos y acontecimientos de distintas décadas.
La relación entre personajes tan diferentes como Borges, Berni, Libertad Lamarque, Eva Duarte o los representantes del circo criollo puede parecer, a primera vista, difícil de ordenar. Sin embargo, esa convivencia responde a una concepción deliberada. La colección no pretende dividir la cultura argentina en compartimentos independientes, sino mostrar sus cruces y conexiones.
Después de la muerte de Eduardo Bergara Leumann, ocurrida en 2008, La Botica del Ángel pasó a estar bajo la órbita de la Universidad del Salvador. Desde entonces, distintas personas trabajan para conservar el espacio y mantener su colección. Entre quienes continúan vinculados con esa tarea se encuentran José Luis Larrauri, Maura Ooms y Yolanda Acuña.
A seis décadas de su creación, La Botica mantiene así una característica fundamental de su origen: ser un lugar donde la memoria cultural puede encontrarse con el espectáculo. La institución continúa ofreciendo visitas guiadas y actividades especiales, mientras conserva en sus 33 salas una parte singular de la historia artística y cultural de Buenos Aires.
El aniversario número 60 permite, además, volver sobre la figura de Bergara Leumann y sobre una experiencia que comenzó en 1966 casi por accidente, a partir de una tarima construida equivocadamente, y que terminó convirtiéndose en uno de los espacios culturales más particulares de la Ciudad.
Las frases que acompañaron la vida de Bergara resumen, de alguna manera, la importancia que él le otorgaba a la memoria y al legado. “Uno sólo se lleva lo que les deja a los otros” y “Sólo muere lo que no se recuerda” expresan una concepción en la que conservar, compartir y transmitir forman parte de una misma tarea.
En ese sentido, los festejos por los 60 años no representan solamente una celebración institucional. También funcionan como una oportunidad para volver a abrir las puertas de un espacio que conserva miles de testimonios de la cultura argentina y que continúa invitando a recorrerlos, descubrirlos y conocer las historias que hay detrás de cada uno.
La Botica del Ángel puede visitarse mediante recorridos guiados en su sede de Luis Sáenz Peña 541. La programación especial por el aniversario incluye actividades privadas y propuestas abiertas al público, entre ellas el homenaje al café concert a cargo de Laura Manzini. La información actualizada sobre las visitas y las actividades puede consultarse a través de los canales oficiales del Museo de Arte Escenográfico Botica del Ángel y de la Universidad del Salvador.
Créditos de la imagen a: Cristina Sille
