Tras permanecer cerrada durante cinco años, uno de los edificios más emblemáticos y representativos del patrimonio arquitectónico de Buenos Aires vuelve a abrir sus puertas con una propuesta renovada. Se trata de la histórica Residencia Peña, ubicada en pleno corazón de la calle Florida, que inicia una nueva etapa bajo el nombre de Casa República, un proyecto que busca combinar gastronomía, cultura, arte y tradición en un espacio cargado de historia.

La reapertura marca un nuevo capítulo para una construcción que forma parte de la memoria urbana de la Ciudad. Durante gran parte del siglo XX y comienzos del XXI, el inmueble funcionó como sede central de la Sociedad Rural Argentina (SRA), institución que ocupó el edificio durante casi un siglo. Allí se desarrollaban actividades administrativas, encuentros institucionales, tareas vinculadas a los registros genealógicos de distintas razas bovinas y equinas y numerosas reuniones relacionadas con el sector agropecuario.

La mudanza de la Sociedad Rural a sus nuevas oficinas en Palermo, dentro del predio de La Rural, dejó vacante esta joya arquitectónica. Desde entonces surgió el desafío de encontrar un destino capaz de preservar su valor histórico y, al mismo tiempo, integrarlo a la vida contemporánea de una ciudad en constante transformación.

La residencia tiene una relevancia especial dentro del patrimonio porteño. Es considerada la última gran mansión aristocrática que conserva sus características originales sobre la calle Florida, una arteria que a fines del siglo XIX y principios del XX concentraba numerosas residencias pertenecientes a las familias más influyentes del país.

La propiedad fue construida para la familia Peña, integrante de la élite terrateniente argentina de aquella época. Estas familias, propietarias de extensas superficies de tierras productivas, buscaban reflejar su posición social mediante residencias inspiradas en los modelos arquitectónicos europeos. La ostentación y el refinamiento eran elementos fundamentales en el diseño de estos palacios urbanos.

La Residencia Peña representa fielmente ese espíritu. Su fachada, inspirada en los estilos franceses de la época, exhibe detalles ornamentales de gran calidad, incluyendo revestimientos que imitan la piedra parisina, balcones con balaustradas, trabajos de herrería artística y una composición arquitectónica que transmite elegancia y prestigio. En su interior sobresalen los amplios salones, las boiseries de madera tallada, las arañas de iluminación, las chimeneas monumentales y una decoración concebida para impresionar a visitantes y distinguidos invitados.

El encargado de materializar esta obra fue Jules Dormal, uno de los arquitectos más destacados que trabajaron en Argentina durante el cambio de siglo. Nacido en Bélgica y formado tanto como ingeniero como arquitecto, Dormal llegó al país inicialmente con intenciones empresariales vinculadas a la industria frigorífica. Sin embargo, tras el fracaso de ese proyecto decidió dedicarse por completo a la arquitectura, disciplina en la que alcanzaría un enorme reconocimiento.

Su nombre quedó asociado a algunas de las construcciones más importantes de la Argentina. Participó en la finalización del Palacio del Congreso Nacional y del Teatro Colón, continuando proyectos iniciados por otros arquitectos. También tuvo un papel decisivo en la conclusión del Palacio Pereda, considerado una de las residencias más lujosas construidas en Buenos Aires y actual sede de la Embajada de Brasil.

La Residencia Peña fue inaugurada en 1902, aunque la historia de sus primeros propietarios estuvo marcada por una serie de acontecimientos inesperados. Adela Blayer, esposa de Juan Gregorio Bautista Peña Zelaya, falleció ese mismo año, poco después de concluida la obra. Seis años más tarde murió también Peña Zelaya, por lo que la propiedad quedó en manos de su único hijo, Julio Peña Blayer.

Sin embargo, la residencia pronto resultó insuficiente para las necesidades de la familia. Julio Peña Blayer tuvo once hijos, lo que motivó su traslado a otra vivienda de mayores dimensiones. Curiosamente, esa nueva residencia se encontraba justo al lado y también había sido diseñada por Jules Dormal. Se trata del edificio donde años más tarde funcionaría la famosa Confitería Richmond, uno de los lugares más tradicionales de la calle Florida. Existen incluso versiones que sostienen que ambas propiedades estaban conectadas a través de sus patios internos debido a la cercanía y similitud de sus terrenos.

Después de décadas de actividad institucional y tras varios intentos por definir su futuro, la Sociedad Rural logró finalmente concretar un proyecto de recuperación junto a un grupo inversor encabezado por el chef y exintendente de Quilmes, Martiniano Molina.

La iniciativa propone convertir el histórico inmueble en un espacio multifuncional capaz de atraer tanto a porteños como a turistas. La oferta gastronómica incluirá restaurante, cafetería y bar, con una fuerte apuesta por productos argentinos provenientes de distintas regiones del país. El objetivo es destacar la diversidad de materias primas nacionales y promover una experiencia culinaria basada en ingredientes locales.

No obstante, la propuesta va mucho más allá de la gastronomía. Casa República busca consolidarse como un ámbito de encuentro para distintas expresiones culturales. El edificio contará con auditorios, salas destinadas a reuniones y eventos privados, una cava especialmente acondicionada para actividades exclusivas y una programación cultural orientada a difundir manifestaciones artísticas, intelectuales y creativas vinculadas con la identidad argentina.

La inauguración oficial está prevista para coincidir con una fecha simbólica para el país: el 9 de julio, Día de la Independencia. De esta manera, el proyecto aspira a reforzar su vínculo con los valores históricos y culturales que pretende representar.

La reapertura también se inscribe dentro de un contexto más amplio relacionado con la transformación del microcentro porteño. La pandemia provocó cambios profundos en la dinámica urbana, reduciendo significativamente la presencia de trabajadores y afectando la actividad económica de la zona. Aunque en los últimos años comenzaron a surgir iniciativas destinadas a revitalizar el área, numerosos edificios de oficinas continúan vacíos y muchas empresas trasladaron sus operaciones hacia otros sectores de la ciudad.

En este escenario, Casa República se presenta como una apuesta ambiciosa para contribuir a la recuperación del centro histórico de Buenos Aires. La combinación entre patrimonio arquitectónico, gastronomía, actividades culturales y espacios para eventos podría convertir a la antigua Residencia Peña en un nuevo punto de referencia dentro de una zona que busca reinventarse sin perder su identidad.

La recuperación de este edificio no solo implica rescatar una pieza fundamental de la arquitectura porteña, sino también devolverle protagonismo a un espacio que forma parte de la historia de la ciudad. Más de un siglo después de su construcción, la residencia vuelve a abrir sus puertas con la intención de conectar pasado y presente, preservando el legado de una época mientras se adapta a las demandas y expectativas del siglo XXI.

junio 11, 2026