La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó una modificación en la nomenclatura de una de las calles tradicionales de Barracas que generó cuestionamientos entre vecinos y organizaciones barriales. A partir de la sanción de una nueva ley, el tramo de la calle California comprendido entre las alturas 2100 y 3400 pasó a llevar el nombre de José Luis Cabezas, en homenaje al reportero gráfico asesinado en enero de 1997.
La decisión fue aprobada el 3 de septiembre con 47 votos afirmativos y 14 abstenciones correspondientes a integrantes del bloque de La Libertad Avanza. Aunque el reconocimiento a Cabezas no es puesto en discusión por quienes cuestionan la medida, el debate se concentra en la forma en que se llevó adelante el cambio y en la eliminación de un nombre que forma parte de la historia de Barracas desde hace más de un siglo y medio.
La iniciativa estuvo vinculada a Editorial Perfil, empresa que tiene su sede en el barrio desde 2015, ubicada precisamente sobre la calle California al 2700. Su actual director, Rodrigo Lloret, fue quien impulsó el proyecto como una manera de homenajear a José Luis Cabezas. Posteriormente, la propuesta fue llevada al ámbito legislativo por el diputado porteño del PRO Matías López.
El conflicto planteado por distintos sectores del barrio no tiene como eje el homenaje al fotógrafo. Por el contrario, vecinos e instituciones sostienen que existen numerosas alternativas para mantener viva la memoria de Cabezas sin reemplazar una denominación histórica de Barracas. Entre las opciones mencionadas aparece la posibilidad de bautizar espacios públicos del barrio con su nombre o crear un lugar destinado a exposiciones y actividades relacionadas con su trayectoria profesional.
La discusión adquiere una dimensión particular debido a la antigüedad de la calle California. De acuerdo con integrantes de la Junta de Estudios Históricos de Barracas, su denominación se remonta al siglo XIX y no nació originalmente como una referencia directa al estado norteamericano.
Lucas Yáñez, integrante de esa organización histórica del barrio, explicó que el nombre habría surgido de una expresión popular vinculada a un episodio ocurrido mientras trabajadores realizaban tareas de rectificación de la calle. Durante esos trabajos habrían encontrado objetos de valor enterrados en el lugar. En aquel momento, en plena repercusión de la denominada fiebre del oro de California, comenzó a instalarse entre los trabajadores la expresión “vamos a la California” para referirse al lugar donde desarrollaban sus tareas. Con el tiempo, esa denominación popular habría sido incorporada oficialmente por las autoridades municipales.
La antigüedad del nombre también puede comprobarse en documentación histórica. Representantes del Consejo Consultivo de la Comuna 4 señalaron que California ya aparecía registrada en mapas de Buenos Aires correspondientes a 1867. Se trata de un período en el que otras calles actualmente conocidas de Barracas todavía tenían denominaciones diferentes: Montes de Oca era identificada como Calle Larga, Iriarte aparecía como Presidente e incluso Vieytes figuraba con otro nombre.
El recorrido histórico de California tampoco estuvo exento de modificaciones. Según los testimonios recogidos, durante 1973 y 1974 se intentó reemplazar su denominación por Armenia, decisión que tuvo una vigencia breve y posteriormente fue revertida. Aquella modificación había estado relacionada con la presencia de inmigrantes y descendientes de armenios en el barrio.
Por este motivo, quienes actualmente cuestionan el cambio consideran que la denominación California no constituye simplemente una referencia geográfica utilizada para identificar una calle. Para ellos, el nombre es parte de la memoria colectiva de Barracas y de una historia que precede ampliamente a la llegada de Editorial Perfil a la zona.
Barracas es uno de los barrios con mayor peso histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Su desarrollo atravesó distintas etapas y transformaciones. En sus comienzos fue una zona caracterizada por quintas y establecimientos vinculados a las actividades rurales. Posteriormente, la expansión de industrias relacionadas con el procesamiento de cueros contribuyó a modificar su perfil y consolidó progresivamente su identidad como un territorio industrial y obrero.
Dentro de esa historia, las calles y sus nombres funcionan como elementos que permiten reconstruir las distintas etapas atravesadas por el barrio. Por eso, organizaciones locales sostienen que la modificación de una denominación histórica debería contar con una participación mucho mayor de quienes viven y desarrollan sus actividades en la zona.
Uno de los principales cuestionamientos apunta precisamente al procedimiento utilizado para aprobar la iniciativa. Vecinos y representantes de instituciones barriales aseguran que el proyecto no fue sometido a un proceso de consulta amplio y que la comunidad no tuvo una instancia adecuada para discutir si estaba de acuerdo con reemplazar el nombre de California.
Integrantes del Consejo Consultivo de la Comuna 4, entre ellos María Rosa Gamondes, Sandra Rodríguez y Roberto Franklin, señalaron que el proyecto debería haber atravesado previamente ese ámbito de participación establecido por la normativa de Comunas. También cuestionaron los fundamentos utilizados para justificar el cambio y calificaron la argumentación presentada como insuficiente.
A esto se suma la existencia de una normativa específica destinada a preservar la historicidad de las calles porteñas. La Ley N.º 1206 establece una protección para los nombres de calles anteriores a 1904, reconociendo su valor como parte del patrimonio histórico y de la memoria e identidad de la Ciudad de Buenos Aires.
Desde esta perspectiva, el debate no se limita a determinar qué nombre debe figurar en los carteles de una calle. Lo que se encuentra en discusión es qué criterios deben utilizarse cuando se pretende modificar una denominación que lleva décadas o incluso siglos incorporada al imaginario de una comunidad.
La presencia de Editorial Perfil en la discusión también es uno de los puntos que genera mayor malestar entre quienes se oponen al cambio. La empresa instaló su edificio en California 2731 en 2015, por lo que los vecinos críticos de la iniciativa consideran que su llegada al barrio es relativamente reciente en comparación con la historia de Barracas y con la antigüedad del nombre que ahora será reemplazado.
La calle California, además, tiene una importancia particular dentro de la circulación del barrio. Se trata de una arteria que conecta sectores ubicados entre las avenidas Vélez Sarsfield, Montes de Oca y Patricios y constituye una de las vías que permiten atravesar una parte importante de Barracas.
Para los vecinos, modificar el nombre de una calle de estas características sin una discusión previa con las organizaciones y habitantes del territorio supone desconocer el vínculo que existe entre la nomenclatura urbana y la identidad barrial.
El homenaje a José Luis Cabezas, en cambio, cuenta con un amplio reconocimiento social. El fotoperiodista fue asesinado el 25 de enero de 1997 en Pinamar, en uno de los casos criminales de mayor impacto de la historia reciente argentina. La investigación judicial vinculó el crimen con Alfredo Yabrán, empresario y entonces propietario de la empresa de correos OCA. Cabezas trabajaba como reportero gráfico y su asesinato provocó una fuerte reacción dentro del periodismo y de la sociedad argentina.
Precisamente por la importancia de su figura, los sectores que cuestionan el cambio sostienen que existen formas alternativas de rendirle homenaje sin desplazar un nombre histórico. La propuesta planteada desde organizaciones de Barracas incluye la creación de espacios dedicados a la fotografía, exposiciones y actividades que permitan recordar su trabajo y su legado profesional.
De esta manera, la controversia no se presenta como una disputa entre quienes quieren homenajear a Cabezas y quienes se oponen a hacerlo. El punto central es dónde y cómo realizar ese reconocimiento y, al mismo tiempo, qué lugar ocupa la participación de los vecinos cuando se modifica un elemento que consideran propio de la identidad histórica del barrio.
La sanción de la Legislatura abrió así un debate que excede el cambio de cartelería. Para las organizaciones barriales, la discusión pone sobre la mesa la relación entre patrimonio, memoria, participación ciudadana y transformación urbana.
Mientras la nueva denominación avanza en el tramo comprendido entre las alturas 2100 y 3400, sectores de Barracas sostienen que la historia de una calle no puede reducirse a una decisión administrativa. California forma parte de los registros históricos del barrio desde el siglo XIX y su nombre atravesó diferentes generaciones, transformaciones urbanas e incluso un intento anterior de modificación que finalmente fue revertido.
El reclamo de vecinos e instituciones apunta, por lo tanto, a reivindicar la posibilidad de participar en las decisiones que afectan directamente a su territorio. Para ellos, el reconocimiento a una figura como José Luis Cabezas puede y debe realizarse, pero sin desconocer la historia previa del lugar elegido para homenajearlo.
La polémica deja planteada una pregunta que excede a Barracas: hasta qué punto los cambios en la ciudad pueden modificar símbolos construidos durante generaciones y quiénes deben tener voz cuando esas transformaciones afectan la memoria de una comunidad. En este caso, los vecinos consideran que el cambio de California por José Luis Cabezas no fue solamente una decisión sobre el nombre de una calle, sino también una discusión sobre quién tiene derecho a definir los símbolos que representan la identidad de un barrio con más de dos siglos de historia.
Créditos de la imagen a: Página 12
