El Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA) sumó un nuevo espacio para la práctica deportiva con la inauguración de un moderno polideportivo en su histórico Campo de Deportes de Puerto Madero. La obra representa una transformación significativa para una institución que utiliza ese predio desde hace más de un siglo y que durante décadas debió defender su permanencia en uno de los terrenos más cotizados de la ciudad.
El nuevo complejo se encuentra en el predio ubicado en las inmediaciones de Juana Manso y Trinidad Guevara, frente a la Reserva Ecológica de Costanera Sur. El paisaje que rodea actualmente al Campo de Deportes es muy diferente al que conocieron generaciones anteriores de estudiantes: donde alguna vez hubo depósitos, instalaciones portuarias abandonadas y grandes extensiones prácticamente despobladas, hoy se levantan torres residenciales, hoteles, restaurantes y edificios de alta gama.
La inauguración del edificio se realizó el 20 de agosto, luego de aproximadamente dos años de trabajos. La intervención comprendió unos 12.500 metros cuadrados y permitió incorporar infraestructura deportiva cubierta y al aire libre, además de renovar sectores que ya formaban parte del complejo.
La construcción fue posible a partir de un acuerdo entre la Universidad de Buenos Aires y la Corporación Antiguo Puerto Madero. El organismo asumió el financiamiento de la obra en el marco de las obligaciones vinculadas al desarrollo del barrio y a la inversión en infraestructura educativa pública.
Un predio con más de un siglo de historia
El vínculo del Colegio Nacional de Buenos Aires con este sector de la ciudad se remonta a 1914. Durante buena parte del siglo XX, el Campo de Deportes se encontraba en una zona portuaria muy diferente de la actual. El acceso era complicado y el entorno podía resultar inseguro, especialmente para los alumnos que debían trasladarse desde el centro de Buenos Aires.
Los estudiantes llegaban hasta la zona de la avenida Alem y desde allí continuaban a pie para alcanzar las instalaciones. En aquellos años todavía no existía el Puerto Madero moderno y los antiguos docks, depósitos, silos y estructuras portuarias formaban parte de un paisaje prácticamente abandonado.
El complejo contaba con espacios básicos para realizar distintas actividades. Allí se practicaban disciplinas como fútbol, básquet, vóley y handball, pero las condiciones estaban muy lejos de las que ofrece actualmente el nuevo edificio. Incluso el mantenimiento de las canchas tenía características casi rudimentarias: durante una época, dos ovejas ayudaban a mantener controlado el crecimiento del pasto.
La situación comenzó a cambiar durante la década de 1990, cuando el antiguo sector portuario empezó a transformarse en el actual barrio de Puerto Madero. El Estado Nacional y la Ciudad de Buenos Aires impulsaron el desarrollo urbano de las tierras y se creó la Corporación Antiguo Puerto Madero para llevar adelante ese proceso.
Con la valorización de los terrenos apareció también una disputa por el Campo de Deportes del CNBA. El predio tenía un enorme valor económico debido a su ubicación y la expansión inmobiliaria del nuevo barrio generó preocupación entre autoridades, alumnos y exalumnos del colegio.
La institución defendió entonces su derecho a continuar utilizando el lugar. El conflicto llegó a la Justicia y durante años se convirtió en uno de los principales reclamos vinculados al patrimonio del colegio. En 2012, finalmente, un fallo judicial reconoció la posición del Colegio y puso fin a la extensa controversia.
Desde entonces, el predio continuó siendo utilizado por los estudiantes, mientras Puerto Madero se consolidaba como una de las zonas más exclusivas y caras de Buenos Aires.
Un edificio pensado para distintos deportes
El nuevo polideportivo representa un cambio importante respecto de las instalaciones que existían anteriormente. El edificio alcanza aproximadamente 16 metros de altura y fue diseñado para integrarse al paisaje contemporáneo de Puerto Madero sin perder la relación con el entorno natural de la Reserva Ecológica.
En la planta baja se encuentra una cancha cubierta con piso de madera y dimensiones reglamentarias. El espacio está preparado para la práctica de básquet, handball y vóley y cuenta además con un tablero electrónico.
Las tribunas son retráctiles y permiten recibir hasta 300 espectadores, lo que amplía las posibilidades de utilización del espacio para competencias y actividades deportivas.
Los pisos superiores incorporan otras instalaciones destinadas tanto a alumnos como a docentes. Entre ellas se encuentran un gimnasio para actividades aeróbicas, vestuarios, una sala de usos múltiples y un espacio destinado al personal docente.
Uno de los elementos más llamativos se encuentra en la terraza. Allí fue construida una cancha de hockey con césped sintético, acompañada por sectores parquizados y espacios de descanso. El acceso se realiza mediante una rampa perimetral que recorre buena parte del edificio.
El nuevo equipamiento se suma a las cinco canchas de cemento que ya existían en el playón exterior y a los espacios de césped natural destinados a fútbol 9 y hockey, que también fueron renovados.
La infraestructura permitirá además que las clases de educación física puedan desarrollarse independientemente de las condiciones meteorológicas. El edificio cuenta con climatización frío-calor y ascensor, dos características que mejoran las condiciones de uso durante todo el año.
Más de 2500 alumnos utilizan el Campo de Deportes
Actualmente, alrededor de 2500 estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires utilizan las instalaciones deportivas. Las actividades comienzan por la mañana y se extienden hasta la tarde, pero el movimiento no termina con las clases.
Durante los fines de semana también se realizan competencias y encuentros. Los sábados se organizan campeonatos y los domingos el predio recibe a exalumnos que continúan vinculados al espacio a través de distintas actividades deportivas.
El equipo que trabaja diariamente en el Campo de Deportes está integrado por aproximadamente 30 personas, entre docentes y trabajadores no docentes. Entre quienes forman parte del área deportiva se encuentra Sofía Dragonetti, profesora de handball y campeona mundial con la selección argentina de beach handball.
Desde la institución esperan que las nuevas instalaciones permitan mejorar todavía más el desempeño deportivo de sus alumnos. El CNBA ya obtiene buenos resultados en competencias intercolegiales y ahora existe incluso la intención de impulsar una liga que reúna a distintas escuelas públicas.
El nuevo polideportivo también comenzó a despertar interés fuera de la comunidad del colegio. Durante los primeros días posteriores a la inauguración, otras instituciones educativas participaron de actividades en el lugar y distintas organizaciones deportivas manifestaron su interés en utilizar las instalaciones.
El cambio visto por los estudiantes
Para los alumnos que actualmente concurren al Campo de Deportes, la diferencia respecto de años anteriores es evidente. Quienes practican básquet, por ejemplo, dejaron de depender exclusivamente de las condiciones del tiempo para entrenar, ya que ahora cuentan con un gimnasio cubierto y equipado.
Los estudiantes que utilizan las canchas destacan especialmente el cambio de ambiente y la sensación de contar con instalaciones similares a las de un centro deportivo profesional.
También las alumnas que practican vóley valoraron la posibilidad de disponer de espacios cubiertos. Para muchos estudiantes, la obra no implica solamente contar con una cancha nueva, sino tener mejores condiciones para desarrollar actividades que anteriormente estaban limitadas por la lluvia, el frío o el calor.
El CNBA también dispone de una pileta climatizada en el edificio principal de la institución, ubicado en la Manzana de las Luces, donde los alumnos pueden realizar actividades relacionadas con la natación.
El recuerdo de quienes estudiaron allí
La transformación del Campo de Deportes también fue observada por antiguos alumnos que conocieron el predio cuando Puerto Madero era completamente distinto.
Entre ellos se encuentra Rodolfo D’Onofrio, expresidente de River Plate y exalumno del CNBA. Durante su etapa escolar, entre 1960 y 1965, practicaba fútbol y rugby en el Campo de Deportes.
D’Onofrio recordó las dificultades que existían entonces para llegar al predio y describió una zona en la que prácticamente no había construcciones alrededor. Según su relato, en determinadas ocasiones los estudiantes incluso tenían que recurrir a embarcaciones para atravesar sectores del recorrido debido a los problemas que presentaban los puentes.
Décadas después, el escenario cambió por completo. Las antiguas instalaciones portuarias dieron paso a un barrio de edificios modernos y viviendas de lujo, mientras el Campo de Deportes quedó rodeado por construcciones de gran altura.
Otra exalumna que participó de la transformación es la arquitecta Marcela Suárez, quien actualmente trabaja en la Corporación Antiguo Puerto Madero y estuvo vinculada a la dirección del proyecto.
Suárez cursó en el colegio entre 1981 y 1985, cuando Puerto Madero todavía se encontraba separado del resto de la ciudad por una estructura perimetral. Para ingresar a la zona había controles y la circulación estaba muy restringida debido a la actividad portuaria.
Durante su adolescencia practicó handball y recuerda también las dificultades que tuvieron las alumnas para conseguir que se conformara un equipo femenino de básquet, una disciplina que en ese momento no estaba disponible para ellas.
Por ese motivo, participar décadas más tarde en la construcción del nuevo complejo tuvo un significado especial. Además del desafío profesional que implicó el proyecto, se trató de intervenir sobre un lugar que formó parte de su propia historia escolar.
Un Puerto Madero completamente diferente
El legislador porteño y exdirigente de San Lorenzo Matías Lammens también fue alumno del CNBA durante la década de 1990 y pudo observar de primera mano la transformación de la zona.
Cuando comenzó sus estudios secundarios, Puerto Madero todavía conservaba buena parte de su aspecto abandonado. Los antiguos docks y edificios portuarios estaban lejos de la imagen actual del barrio. Con el avance de las obras inmobiliarias, la zona se fue convirtiendo progresivamente en uno de los principales polos residenciales, gastronómicos y turísticos de Buenos Aires.
Lammens, que practicaba fútbol en el Campo de Deportes, continúa actualmente vinculado al predio y participa de los tradicionales encuentros deportivos de exalumnos.
Para las autoridades del Colegio, la construcción del polideportivo significa recuperar y fortalecer un espacio que forma parte de la identidad de la institución. El Campo de Deportes no solamente funciona como lugar para las clases de educación física: también representa un punto de encuentro entre distintas generaciones de estudiantes.
La nueva infraestructura permite conservar ese vínculo histórico mientras adapta el predio a las necesidades actuales.
De esta manera, el lugar que durante décadas estuvo en el centro de una disputa por la propiedad de las tierras inicia una nueva etapa. El antiguo campo deportivo, que alguna vez se encontraba prácticamente aislado dentro de una zona portuaria abandonada, hoy convive con el Puerto Madero moderno y suma un edificio preparado para recibir a miles de estudiantes durante todo el año.
La inauguración del polideportivo constituye así el cierre de una larga historia de conflictos y transformaciones, pero también el comienzo de una nueva etapa para el Colegio Nacional de Buenos Aires y para las generaciones de alumnos que continuarán utilizando este histórico espacio deportivo.
Créditos de la imagen a: Guillermo Rodríguez Adami
