El emblemático café y restaurante Esquina Homero Manzi, uno de los espacios más representativos de la cultura porteña y del tango en la Ciudad de Buenos Aires, atraviesa una de las situaciones más delicadas de su historia. El tradicional local ubicado en la intersección de las avenidas San Juan y Boedo quedó envuelto en un complejo conflicto judicial que podría derivar en su cierre definitivo, según advirtieron sus propietarios.
La disputa se originó a partir de una demanda laboral presentada por dos bailarines de tango que trabajaban en el histórico establecimiento antes de la pandemia. Los artistas sostuvieron ante la Justicia que fueron despedidos luego de la interrupción de actividades provocada por las restricciones sanitarias implementadas durante el aislamiento obligatorio por el Covid-19. A raíz de ese planteo judicial, el restaurante quedó enfrentado a una condena económica de enorme magnitud.
De acuerdo con lo explicado por los responsables del negocio, el monto reclamado fue creciendo de manera exponencial debido a los intereses acumulados durante el extenso proceso judicial. Lo que inicialmente representaba una cifra cercana a los cinco millones de pesos terminó transformándose en una deuda multimillonaria que, según distintas estimaciones publicadas, oscila entre los 150 y los 220 millones de pesos.
Gabriel Pérez, uno de los socios y administradores del tradicional café, aseguró públicamente que la situación económica es prácticamente imposible de afrontar para una pyme gastronómica. Según explicó, el negocio todavía arrastra las consecuencias financieras de los meses en los que debió permanecer cerrado durante la pandemia, período en el que utilizaron sus ahorros para intentar sostener el funcionamiento del lugar y conservar puestos de trabajo.
El empresario remarcó además que el problema no afecta únicamente a los dueños del establecimiento, sino también a decenas de familias que dependen de la continuidad del café. En la actualidad, el bar emplea a unos 40 trabajadores de manera directa y mantiene vínculos comerciales con numerosos proveedores, músicos, artistas y trabajadores vinculados a la actividad cultural y gastronómica.
Desde la empresa sostienen que los bailarines prestaban servicios de manera eventual y que no existía una relación laboral permanente en los términos que posteriormente reconoció la Justicia. También señalaron que durante la pandemia los artistas se encontraban trabajando en otros proyectos fuera del país, particularmente en cruceros y espectáculos desarrollados en Europa. Sin embargo, los tribunales laborales interpretaron que sí existía un vínculo laboral formal y avanzaron con la condena económica contra la firma administradora del establecimiento.
Tras conocerse la sentencia, la empresa Boedo Sur S.A., encargada de administrar el café, presentó una apelación y solicitó que se aplicara una reducción sobre los intereses fijados en el expediente judicial. Según trascendió, la Justicia aceptó parcialmente ese planteo y moderó parte de la deuda, aunque el monto final continuó siendo extremadamente elevado para las posibilidades financieras del negocio. Aun con esa reducción, los propietarios consideran que el pago sigue siendo “impagable” y temen que la ejecución de la sentencia provoque la quiebra del lugar.
La situación generó una fuerte repercusión en distintos sectores vinculados a la gastronomía, la cultura y el tango porteño. La esquina de Homero Manzi es considerada uno de los sitios históricos más importantes de Buenos Aires y forma parte del patrimonio cultural de la ciudad. Inaugurado originalmente en 1927, el café se convirtió con el paso de las décadas en un símbolo de Boedo y en un punto de encuentro tradicional para turistas, vecinos y amantes del tango.
El lugar mantiene viva la memoria de figuras históricas como Homero Manzi, Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese, artistas profundamente ligados a la identidad cultural del barrio. Además de funcionar como restaurante y café notable, el establecimiento ofrece espectáculos de tango y actividades artísticas que forman parte del circuito turístico y cultural porteño.
La posibilidad de que el histórico bar cierre sus puertas despertó preocupación entre vecinos y clientes habituales, quienes consideran que perder un espacio de estas características implicaría también un golpe para la identidad cultural de la ciudad. En redes sociales y distintos foros aparecieron opiniones divididas: algunos usuarios manifestaron solidaridad con los propietarios y cuestionaron el impacto económico de los juicios laborales sobre pequeñas empresas, mientras que otros remarcaron la importancia de garantizar los derechos de los trabajadores y criticaron las condiciones laborales informales frecuentes en el sector gastronómico y artístico.
El caso también volvió a poner sobre la mesa el debate acerca de la litigiosidad laboral en Argentina y el peso de los intereses judiciales en causas que se extienden durante años. Empresarios gastronómicos sostienen que muchas pequeñas y medianas empresas no logran sobrevivir cuando enfrentan condenas de esta magnitud, especialmente después del impacto económico que dejó la pandemia. Del otro lado, especialistas en derecho laboral recuerdan que los fallos judiciales buscan reparar situaciones de empleo no registrado o irregular y proteger a trabajadores que muchas veces permanecen durante años sin reconocimiento formal.
Mientras la causa continúa su recorrido judicial, los responsables de la tradicional esquina de San Juan y Boedo esperan que la Cámara de Apelaciones revise nuevamente el expediente y reduzca el monto final de la condena. Afirman que el objetivo principal es evitar el cierre de uno de los cafés más representativos de Buenos Aires y preservar tanto las fuentes laborales actuales como el valor histórico y cultural que el lugar tiene para la ciudad.
