Por segundo año consecutivo, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió no autorizar la realización en la Avenida de Mayo de la tradicional celebración folclórica de la comunidad boliviana. La actividad, conocida como “Integración Cultural Bolivia Baila en Buenos Aires”, reúne cada año a fraternidades, músicos y bailarines que representan distintas expresiones culturales de Bolivia y que durante mucho tiempo encontraron en las calles del centro porteño un espacio para mostrar sus tradiciones.

La negativa de la administración de Jorge Macri vuelve a generar cuestionamientos entre las organizaciones de la colectividad, que consideran que la decisión carece de fundamentos suficientes y que termina desplazando una manifestación cultural de una comunidad con una presencia histórica en la Ciudad. En esta oportunidad, además, el Gobierno porteño sumó a sus argumentos la existencia de supuestos incumplimientos vinculados con los horarios establecidos en celebraciones anteriores.

La decisión fue comunicada el 25 de septiembre, después de una reunión mantenida entre representantes de distintas organizaciones de la comunidad boliviana y funcionarios del Gobierno de la Ciudad. De acuerdo con lo informado por las entidades que participan de la organización, la administración porteña volvió a referirse al denominado “reordenamiento del uso del espacio público” para justificar que la actividad no pudiera desarrollarse en la Avenida de Mayo.

Sin embargo, para los referentes de la colectividad, ese argumento no resulta suficiente. La celebración se realizó durante años en el microcentro sin que existieran impedimentos de este tipo. La posibilidad de que las fraternidades pudieran recorrer la Avenida de Mayo, acompañadas por sus músicos y sus tradicionales vestimentas, había adquirido con el tiempo un significado que iba más allá de una simple actividad recreativa: representaba el reconocimiento público de una cultura que forma parte de la identidad social de Buenos Aires.

La decisión adoptada por el Gobierno porteño también es cuestionada por el contraste con otras actividades que habitualmente tienen lugar en la Avenida de Mayo. Desde las organizaciones sostienen que el histórico corredor del centro de la Ciudad continúa siendo utilizado como escenario de numerosas celebraciones y propuestas culturales, incluso durante los fines de semana. Por ese motivo, consideran que las dificultades planteadas específicamente para la realización de la entrada folclórica boliviana no pueden analizarse solamente como una cuestión administrativa relacionada con el uso del espacio público.

El conflicto adquiere particular relevancia porque no se trata de una actividad aislada. La celebración “Integración Cultural Bolivia Baila en Buenos Aires” constituye uno de los principales encuentros públicos de la colectividad boliviana en la Ciudad. A través de las danzas, la música y las diferentes fraternidades, la comunidad mantiene y transmite tradiciones culturales que tienen un fuerte arraigo en Bolivia y que también forman parte de la vida cotidiana de miles de personas que viven en Buenos Aires.

Para quienes participan de la organización, llevar esta expresión cultural al centro porteño tenía además una dimensión simbólica. La Avenida de Mayo es uno de los espacios más representativos de la Ciudad y sus calles suelen convertirse en escenario de actos, festivales, movilizaciones y acontecimientos culturales de distintas características. Por eso, quedar nuevamente excluidos de ese lugar es interpretado por los referentes como un retroceso respecto del reconocimiento que la comunidad había conseguido a lo largo de los años.

Ante la imposibilidad de utilizar el espacio solicitado, las organizaciones decidieron mantener la celebración y trasladarla a otro punto de la Ciudad. El encuentro se realizará finalmente el sábado 10 de octubre en el Autódromo de Buenos Aires. La actividad comenzará a las 10 de la mañana y tendrá entrada libre y gratuita, por lo que los organizadores buscan garantizar que la comunidad pueda participar pese al cambio de escenario.

El traslado permite mantener en pie la celebración, pero no elimina el reclamo de fondo. Para los referentes bolivianos, realizar el evento en el Autódromo no tiene el mismo significado que hacerlo en el centro porteño. La diferencia no está únicamente relacionada con el lugar físico: también tiene que ver con la visibilidad que adquiere una manifestación cultural cuando ocupa uno de los espacios públicos más transitados y reconocidos de Buenos Aires.

La colectividad sostiene que la presencia de sus expresiones culturales en la Avenida de Mayo constituye una manera de mostrar a toda la sociedad la diversidad que forma parte de la identidad porteña. Las danzas tradicionales, las bandas de música y las fraternidades no son consideradas por sus participantes como un espectáculo aislado, sino como parte de un patrimonio cultural que las nuevas generaciones continúan sosteniendo y transmitiendo.

La controversia se produce, además, en un contexto en el que las organizaciones ya habían enfrentado una situación similar el año anterior. De esta manera, la negativa de 2026 no es percibida como una decisión excepcional o circunstancial, sino como la continuidad de una política que vuelve a limitar el acceso de esta celebración a uno de los espacios públicos centrales de la Ciudad.

En esta ocasión, el argumento de los supuestos incumplimientos de horarios en ediciones anteriores se convirtió en uno de los puntos centrales de la explicación oficial. Las organizaciones, en cambio, consideran que se trata de una justificación que no alcanza para explicar por qué la actividad no puede desarrollarse nuevamente en la Avenida de Mayo. Según plantean, si existieron problemas organizativos en determinadas oportunidades, podrían establecerse mecanismos de coordinación y control para garantizar el cumplimiento de los horarios sin necesidad de impedir directamente la realización del evento en el lugar solicitado.

El conflicto también pone en discusión la relación entre las comunidades migrantes y el espacio público porteño. Buenos Aires es una ciudad atravesada históricamente por distintas corrientes migratorias, cuyas tradiciones, celebraciones y expresiones artísticas fueron incorporándose a la vida cultural local. En ese marco, para la comunidad boliviana la posibilidad de ocupar las calles con sus danzas y su música representa una forma concreta de participar de esa construcción colectiva.

Las fraternidades cumplen un papel fundamental dentro de esta tradición. Sus integrantes preparan durante meses coreografías, vestuarios y presentaciones que luego forman parte de las entradas folclóricas. La actividad no solamente convoca a quienes participan directamente de las danzas, sino también a familiares, amigos y espectadores que se acercan para acompañar la celebración.

A pesar del cambio de escenario, los organizadores decidieron sostener la convocatoria. El encuentro del sábado 10 en el Autódromo será, de esta manera, una oportunidad para que la comunidad pueda volver a encontrarse y mostrar sus expresiones culturales, aunque lejos del lugar que originalmente había solicitado.

El reclamo, sin embargo, continuará vinculado con la Avenida de Mayo. Para las organizaciones de la colectividad, recuperar ese espacio no significa solamente volver a realizar allí una fiesta. También implica defender el derecho a que las expresiones culturales de la comunidad boliviana puedan formar parte de los principales espacios públicos de Buenos Aires en igualdad de condiciones con otras manifestaciones culturales.

La discusión planteada por la negativa del Gobierno porteño, entonces, excede la organización de un evento puntual. En el centro del debate aparece la forma en que se decide qué actividades culturales pueden ocupar determinados espacios de la Ciudad y bajo qué criterios se otorgan o rechazan las autorizaciones. Mientras la administración de Jorge Macri sostiene argumentos relacionados con la organización y el uso del espacio público, las organizaciones bolivianas consideran que la medida termina afectando la visibilidad y el reconocimiento de una expresión cultural que durante años formó parte del calendario porteño.

Por ahora, la celebración seguirá adelante en el Autódromo de Buenos Aires. Será una jornada abierta y gratuita en la que las fraternidades, músicos y bailarines volverán a encontrarse para mantener viva una tradición que la comunidad considera parte fundamental de su identidad. Pero la decisión de trasladar el evento no cierra el conflicto: para las organizaciones, la posibilidad de volver a llevar la celebración a la Avenida de Mayo continúa siendo una reivindicación pendiente.

Créditos de la imagen a: Nicolas Parodi (Página 12)

octubre 8, 2026