La Línea B del Subte de Buenos Aires, la más utilizada de toda la red de transporte subterráneo de la Ciudad, se prepara para atravesar una de las transformaciones más importantes desde su inauguración. Con una inversión que superará los 420 millones de dólares, el Gobierno porteño, a través de Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE), pondrá en marcha un ambicioso programa de renovación que incluirá la incorporación de nuevas formaciones, la modernización de talleres, la actualización del sistema eléctrico y la renovación de la infraestructura ferroviaria.

El plan busca mejorar la calidad del servicio, aumentar la confiabilidad de las operaciones diarias y reducir los tiempos destinados al mantenimiento de los trenes. Además, permitirá adaptar la línea para la llegada de una nueva generación de coches que reemplazará progresivamente a parte de la flota que actualmente presta servicio.

Uno de los aspectos centrales del proyecto será la remodelación integral del Taller Rancagua, una instalación estratégica para el mantenimiento de los trenes de la Línea B. Allí se incorporará un torno bajo piso, un equipamiento considerado clave para optimizar las tareas de reparación de las ruedas de las formaciones.

Hasta el momento, cuando era necesario realizar este tipo de mantenimiento, las unidades debían trasladarse hasta los talleres de la Línea Urquiza, un procedimiento que implicaba mayores costos operativos, mayor tiempo fuera de servicio y una logística más compleja. Con la instalación del nuevo sistema, los trabajos podrán ejecutarse directamente en el taller de la Línea B, reduciendo significativamente los tiempos de intervención.

El nuevo torno permitirá mecanizar los pares montados de las ruedas sin necesidad de desmontar los ejes de los trenes. Esta tecnología representa un avance importante para el mantenimiento ferroviario, ya que agiliza las reparaciones, prolonga la vida útil de los componentes y mejora la disponibilidad de las formaciones para prestar servicio.

Aunque esta obra había sido proyectada hace más de una década, nunca llegó a concretarse. Ahora forma parte de un programa integral que apunta a modernizar todos los aspectos operativos de la línea.

Desde SBASE destacaron que la renovación no se limita únicamente a la compra de nuevos trenes, sino que comprende una actualización completa de la infraestructura. Según explicó el presidente del organismo, Javier Ibáñez, el objetivo es transformar la Línea B mediante inversiones que permitan brindar un servicio más moderno, eficiente, seguro y confortable para los millones de pasajeros que la utilizan cada año.

El funcionario señaló que durante los últimos años ya se avanzó con la remodelación de cinco estaciones, mientras continúan las tareas sobre otras tres, como parte de un proceso destinado a renovar progresivamente toda la línea.

El torno que será instalado en el Taller Rancagua estará preparado para trabajar tanto con las actuales formaciones Mitsubishi y CAF 6000 como con los futuros trenes CRRC Serie 400, cuya incorporación comenzará durante 2027.

Además del nuevo equipamiento, la licitación contempla una serie de trabajos complementarios destinados a adecuar el taller para el funcionamiento de la nueva tecnología. Entre ellos se encuentra la renovación de aproximadamente 230 metros de la vía número 10, el refuerzo estructural de la losa y de los giracoches donde operará el torno, la construcción de nuevas oficinas con sanitarios para el personal, la instalación de un pozo de bombeo, la creación de una salida de emergencia y diversas obras vinculadas con las instalaciones eléctricas, sanitarias y de infraestructura general.

En paralelo con estas obras, la Ciudad avanza con el proceso de renovación del material rodante de la Línea B mediante la compra de 29 formaciones fabricadas por la empresa china CRRC. Cada una estará compuesta por seis coches y reemplazará gradualmente a los actuales trenes Mitsubishi y CAF 6000, algunos de los cuales acumulan varias décadas de servicio.

La llegada de las nuevas unidades está prevista para el primer trimestre de 2027 y representa una de las inversiones más importantes realizadas en la red de subterráneos durante los últimos años.

Los nuevos trenes incorporarán diversas mejoras orientadas tanto al confort de los pasajeros como a la eficiencia operativa. Entre las principales características se destaca la circulación interna continua de punta a punta de cada formación, eliminando las cabinas intermedias que actualmente dividen los coches y permitiendo un mejor desplazamiento de los usuarios durante el viaje.

Asimismo, las nuevas unidades tendrán un ancho de 3,10 metros, lo que permitirá incrementar la capacidad de transporte y aprovechar de manera más eficiente el gálibo ferroviario disponible en la Línea B. También ofrecerán mejoras en materia de accesibilidad, climatización, seguridad y tecnología aplicada a la operación cotidiana.

La adquisición de estas formaciones demandará una inversión superior a los 300 millones de dólares, mientras que cerca de 120 millones adicionales estarán destinados a las obras de infraestructura necesarias para adaptar toda la línea al nuevo material rodante.

Entre las intervenciones previstas figura la elevación de la tensión eléctrica de alimentación, que pasará de 600 a 1.500 voltios para responder a las exigencias técnicas de la nueva flota. Paralelamente, se renovarán ocho subestaciones eléctricas distribuidas a lo largo del recorrido y se reemplazarán aproximadamente 8,5 kilómetros de vías entre las estaciones Leandro N. Alem y Federico Lacroze.

El programa también contempla importantes trabajos en los talleres Rancagua y Villa Urquiza, donde se realizarán adaptaciones para el mantenimiento de los nuevos trenes. A ello se sumará la instalación de sistemas de catenaria en distintos sectores de la línea y la eliminación progresiva del tradicional tercer riel, un cambio que permitirá modernizar el suministro eléctrico y mejorar las condiciones de seguridad para las tareas de operación y mantenimiento.

Otro de los puntos incluidos en el proyecto será el retiro gradual de las formaciones actuales junto con el proceso de desasbestizado de aquellos trenes que contienen materiales con amianto, una tarea que forma parte de los planes de actualización de la red y de adecuación a los estándares de seguridad vigentes.

Con este conjunto de inversiones, la Ciudad busca llevar adelante una transformación integral de la Línea B, una infraestructura que diariamente concentra una parte significativa de los viajes en transporte público dentro de Buenos Aires. La combinación de nuevas tecnologías, renovación de talleres, actualización eléctrica y reemplazo de la flota apunta a mejorar la frecuencia, reducir los tiempos de mantenimiento, incrementar la capacidad de transporte y ofrecer un servicio más confiable para los usuarios durante las próximas décadas.

agosto 4, 2026