El arte de Florencio Molina Campos encuentra una nueva forma de acercarse al público con una propuesta que combina tradición, tecnología y patrimonio cultural. En el Palacio Libertad, ubicado en la ciudad de Buenos Aires, se inauguró Florencio Molina Campos. Costumbres argentinas, una exposición que recupera el universo creativo del artista y permite contemplar sus célebres escenas de la vida rural desde una perspectiva diferente: mediante una experiencia inmersiva en la que los personajes, los animales y los paisajes adquieren movimiento.

La iniciativa coincide con los cien años de la primera exposición individual del pintor, realizada en 1926, y busca poner en valor su aporte a la construcción de una identidad visual vinculada con las costumbres argentinas. A través de pinturas originales y una instalación audiovisual, la muestra invita a recorrer un mundo poblado de gauchos, caballos, reuniones populares, música y actividades cotidianas del campo.

La exhibición ocupa dos espacios del segundo piso del centro cultural, situado en Sarmiento 151. En la Sala 206 se encuentran las obras originales, mientras que la Sala Inmersiva ofrece una producción audiovisual que utiliza animaciones bidimensionales y tridimensionales, imágenes panorámicas y efectos sonoros para introducir a los visitantes en las escenas creadas por el artista.

Un día en el campo a través de sus pinturas

Uno de los principales atractivos de la propuesta es una experiencia audiovisual de aproximadamente diez minutos que reconstruye una jornada rural, desde las primeras actividades del día hasta los encuentros y entretenimientos nocturnos. Las imágenes se proyectan en movimiento y se acompañan con sonidos ambientales y música, generando una atmósfera que busca acercar al espectador a la vida representada en los cuadros.

Durante el recorrido aparecen diferentes situaciones características del imaginario de Molina Campos: los bailes populares, las payadas acompañadas por guitarras, los juegos tradicionales, las reuniones alrededor de la comida y los momentos de descanso. También se recrean escenas protagonizadas por animales y personajes que parecen abandonar el lienzo para integrarse a una narración audiovisual.

La producción recupera elementos presentes en obras como El baile, Payada de contrapunto, El almuerzo, Madre y Riña de gallos. Mediante el movimiento, los sonidos y la ampliación de los paisajes, estas imágenes permiten prestar atención a aspectos que podrían pasar inadvertidos durante una observación convencional de las pinturas.

El proyecto fue desarrollado por el equipo de posproducción audiovisual del Palacio Libertad. La dirección creativa y las animaciones tridimensionales estuvieron a cargo de Tato Araoz, responsable de trasladar el lenguaje visual del artista a una experiencia adaptada a las posibilidades tecnológicas actuales.

Azul Carrasco, integrante del equipo de producción del centro cultural, explicó que la propuesta se concibió como una invitación a compartir simbólicamente una jornada entre paisanos. Para lograrlo, se trabajó con imágenes digitalizadas de las obras y se diseñó una secuencia audiovisual que privilegia los ritmos pausados y la ambientación característica del entorno rural.

El valor de los detalles en la obra de Molina Campos

La curaduría de la exposición está a cargo de Gonzalo Giménez Molina, nieto del artista, con la colaboración del Museo Florencio Molina Campos. El proyecto reúne alrededor de quince piezas originales, entre pinturas al óleo, acuarelas y dibujos pertenecientes a la colección de la fundación dedicada a preservar su legado.

Uno de los aspectos centrales del recorrido es la posibilidad de observar la precisión con la que Molina Campos representaba las costumbres de su época. Aunque sus personajes suelen reconocerse por sus expresiones exageradas y su particular sentido del humor, detrás de esas características existe una minuciosa observación de la vestimenta, los objetos, los animales y las prácticas sociales del campo argentino.

El curador destaca que su abuelo tenía una formación y una mirada urbanas. Sus experiencias en establecimientos rurales de la familia, entre ellos campos de General Lavalle y una estancia en Chajarí, Entre Ríos, le permitieron acercarse a ese universo y registrar sus particularidades.

Esa perspectiva contribuyó a que sus pinturas adquirieran un valor que excede lo humorístico. Las prendas, los aperos, los gestos y los elementos de cada escenario aportan información sobre las formas de vida de una época. En una obra como El baile, por ejemplo, detalles de la indumentaria permiten reconocer las condiciones materiales y las costumbres de quienes aparecen representados.

La exposición también incluye una acuarela realizada durante la infancia del artista, titulada La Florida y fechada en 1900. En ella ya se advierte su interés por representar diferentes situaciones que transcurren en un almacén rural y sus alrededores, con personajes que conversan, juegan y desarrollan actividades cotidianas.

De las paredes de los hogares a la difusión internacional

La popularidad de Molina Campos estuvo estrechamente relacionada con la circulación masiva de sus ilustraciones. Sus trabajos para los almanaques de la empresa argentina Alpargatas hicieron que sus imágenes llegaran a numerosos hogares y establecimientos comerciales, acercando su obra a personas que no necesariamente frecuentaban museos o galerías.

Su producción también tuvo una importante proyección internacional a través de su colaboración con la compañía estadounidense Minneapolis-Moline, dedicada a la fabricación de maquinaria agrícola. La exposición recupera parte de esa etapa y busca destacar la dimensión internacional de su trabajo.

Según las estimaciones de la familia del artista, los almanaques realizados para el público argentino alcanzaron una circulación de aproximadamente 18 millones de láminas, mientras que en Estados Unidos se produjeron alrededor de 50 millones. Estas cifras permiten dimensionar la enorme difusión que tuvieron sus representaciones de la vida pampeana.

La muestra incorpora, además, una línea de tiempo que contextualiza distintos momentos de su trayectoria, desde sus primeras exposiciones hasta sus colaboraciones con medios gráficos y su vínculo con el mundo de la animación.

Un proyecto que retoma una idea del propio artista

La experiencia inmersiva también establece una conexión con uno de los intereses que Molina Campos intentó desarrollar durante su vida: trasladar sus dibujos al cine animado.

El artista se interesó por las posibilidades de la animación como herramienta para comunicar ideas y difundir aspectos de la cultura. Su acercamiento a los estudios de Walt Disney forma parte de esa historia, aunque las diferencias de criterio sobre la representación de los personajes y las costumbres impidieron que todas las iniciativas avanzaran como esperaba.

La propuesta del Palacio Libertad retoma esa inquietud y la materializa con recursos digitales contemporáneos. Para Giménez Molina, esta posibilidad representa una manera de continuar un camino que su abuelo había imaginado, incorporando sus creaciones a un lenguaje audiovisual capaz de llegar a nuevas generaciones.

El nieto del pintor también considera que la exposición puede contribuir a despertar el interés por otras instituciones vinculadas con su legado. Entre ellas se encuentra el Museo Florencio Molina Campos, situado en Moreno, provincia de Buenos Aires, que conserva numerosas obras y materiales relacionados con su trayectoria. También destaca el valor del Rancho Los Estribos, espacio asociado a la vida del artista que funciona como casa museo.

A cien años de aquella primera exposición individual, Costumbres argentinas propone volver sobre una obra profundamente arraigada en el imaginario nacional y, al mismo tiempo, descubrirla desde otra perspectiva. La combinación de pinturas originales, animación y sonido permite explorar tanto la dimensión artística como el valor documental de unas imágenes que contribuyeron a difundir las costumbres rurales argentinas dentro y fuera del país.

Días, horarios y entrada

La exposición Florencio Molina Campos. Costumbres argentinas puede visitarse en el segundo piso del Palacio Libertad, ubicado en Sarmiento 151, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La muestra permanecerá abierta hasta el 13 de diciembre de 2026, de miércoles a domingos, entre las 14 y las 20. La experiencia inmersiva también funciona de viernes a domingos dentro de esa franja horaria.

El acceso es gratuito, no requiere reserva previa y se realiza por orden de llegada, sujeto a la capacidad de las salas.

La propuesta constituye una oportunidad para acercarse a la obra de uno de los artistas más reconocibles de la cultura argentina y descubrir cómo sus representaciones de la vida rural pueden adquirir nuevas dimensiones cuando se combinan con las herramientas audiovisuales del presente.

Créditos de la imagen a: Wikipedia Commons

octubre 25, 2026