Una antigua bóveda del Cementerio de la Recoleta quedó en el centro de una situación que combina patrimonio, abandono, reclamos familiares y un proyecto comercial impulsado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El espacio, que permanece en malas condiciones desde hace años y presenta signos de deterioro, fue incluido en una licitación para ser utilizado como un nuevo punto de atención para los visitantes del tradicional cementerio porteño. Sin embargo, en su interior todavía habría féretros correspondientes a personas cuyos familiares aseguran no haber sido consultados para disponer de los restos.
La iniciativa oficial contempla transformar la antigua construcción en un espacio destinado a ofrecer distintos servicios a quienes recorren el cementerio. De acuerdo con el llamado a licitación, allí podría funcionar un local de venta de recuerdos, información turística y un sector destinado a la comercialización de comidas y bebidas al paso. Además, el lugar tendría un papel vinculado con las visitas guiadas nocturnas que se realizan en el histórico predio de Recoleta.
La bóveda seleccionada se encuentra en una zona cercana al acceso principal del cementerio, sobre la calle Junín al 1700. Puntualmente, está identificada dentro de la Sección 17, Tablón 201, y comprende las Sepulturas 1 a 12. La apertura de las propuestas económicas de quienes participen de la licitación está prevista para el 9 de septiembre.
El proyecto, sin embargo, generó preocupación luego de que trascendiera el testimonio de una mujer que aseguró tener familiares enterrados en ese lugar. Se trata de Lucía Girado, una artista plástica oriunda de Tandil, quien afirmó que en la bóveda permanecen los restos de su padre y de otros integrantes de su familia, entre ellos abuelos, tíos y primos.
El reclamo adquiere particular importancia porque, según la información oficial, todavía no se habría completado ningún procedimiento de expropiación de la bóveda. Desde el Gobierno porteño explicaron que una medida de ese tipo requiere la intervención de la Justicia y el desarrollo de un expediente específico. Por ese motivo, señalaron que el hecho de que se haya iniciado una licitación no significa que los restos puedan ser retirados de manera inmediata ni que se haya concretado una expropiación.
La situación de la construcción se remonta a varios años. Según explicaron fuentes oficiales, la bóveda tiene alrededor de dos siglos de antigüedad, ya que habría sido construida hacia 1800. Con el paso del tiempo quedó abandonada y dejó de recibir el mantenimiento correspondiente. Además, durante aproximadamente dos décadas no se habría abonado la tasa relacionada con el mantenimiento o la concesión del espacio.
El deterioro se hizo especialmente evidente en 2024, cuando se detectaron problemas que comprometían la seguridad estructural de la construcción. Ante ese escenario, el Gobierno de la Ciudad intervino el lugar y comenzó a realizar gestiones relacionadas con sus titulares. Las autoridades indicaron que se efectuaron reclamos y notificaciones para que quienes tuvieran derechos sobre la bóveda regularizaran la situación y se hicieran cargo de los restos que permanecían allí.
Según la versión oficial, esas comunicaciones fueron realizadas a los titulares que figuraban en los registros. Sin embargo, hasta el momento no se habría presentado ninguna persona para hacerse cargo de la situación. Por esa razón, la Ciudad avanzó con la toma de posesión del espacio, dentro de los procedimientos previstos para las bóvedas que se encuentran abandonadas y que además presentan riesgos.
Uno de los principales interrogantes es cuántos féretros continúan actualmente dentro de la bóveda. Las autoridades reconocieron que no existe una cifra precisa debido al estado en que se encuentra el interior. Parte de los ataúdes estaría deteriorada y algunos incluso se encontrarían rotos. Esta circunstancia dificulta establecer con exactitud la cantidad de restos que permanecen en el lugar y quiénes son las personas cuyos cuerpos fueron depositados allí.
Desde el Gobierno porteño remarcaron que este tipo de procedimientos no se inició exclusivamente por el proyecto de convertir la bóveda en un espacio comercial. Según explicaron, las intervenciones sobre construcciones funerarias abandonadas forman parte de mecanismos que también se aplican en otros cementerios cuando existen deudas prolongadas o riesgos para la estructura.
La cuestión más sensible aparece al analizar qué puede suceder con los restos si no se presentan familiares o responsables. La respuesta oficial es que, cumplidos los procedimientos establecidos, podría avanzarse con la cremación de los restos que permanecen en la bóveda. Las autoridades señalaron que los familiares que quieran recuperar los féretros deben presentarse con la documentación correspondiente y, además, afrontar la deuda acumulada durante los últimos 20 años.
Ese requisito económico es uno de los puntos que genera mayor tensión. Los familiares que eventualmente aparezcan no solamente deberían acreditar su vínculo con las personas enterradas allí, sino también resolver la situación administrativa vinculada con la deuda. Mientras tanto, el tiempo disponible para presentarse es limitado: según las autoridades, los interesados deberían concurrir durante esta semana para evitar que se avance con el procedimiento previsto.
El caso también pone en evidencia un problema que afecta a los cementerios históricos: el abandono progresivo de algunas bóvedas y la dificultad para determinar quiénes son sus responsables después de varias generaciones. En muchos casos, los titulares originales fallecen y sus descendientes pierden contacto con las propiedades familiares, dejan de pagar las tasas o simplemente desconocen que todavía existen restos de sus antepasados en determinados espacios.
La situación resulta todavía más particular por el valor histórico del Cementerio de la Recoleta, uno de los lugares más visitados de Buenos Aires y un sitio que concentra numerosas bóvedas pertenecientes a familias tradicionales, además de tumbas de personalidades de relevancia política, cultural y social. Por ese motivo, cualquier modificación dentro del predio suele generar atención y debate.
En este caso, el proyecto oficial busca aprovechar una construcción que actualmente se encuentra en desuso y transformarla en un espacio destinado a los turistas. La intención es sumar servicios para quienes recorren el cementerio y utilizar la ubicación estratégica de la bóveda, próxima al acceso de Junín, como parte de la infraestructura para las visitas guiadas.
El conflicto surge, entonces, por la coexistencia de dos situaciones diferentes. Por un lado, existe una construcción abandonada, deteriorada y con una deuda acumulada durante años, cuya recuperación permitiría darle un nuevo uso. Por otro, dentro de esa misma estructura todavía se encuentran restos humanos y existen personas que aseguran tener familiares sepultados allí.
La posición oficial sostiene que los procedimientos administrativos se están realizando de acuerdo con las normas vigentes y que los familiares fueron notificados para que pudieran presentarse. También remarcan que el proyecto comercial no modifica las obligaciones legales relacionadas con los restos y que cualquier eventual exhumación, traslado o cremación debe realizarse siguiendo los mecanismos correspondientes.
Para los familiares que buscan evitar la cremación, en cambio, el escenario es urgente. La posibilidad de que los restos sean retirados si nadie se presenta durante el plazo establecido convierte la situación en una carrera contra el tiempo. La principal preocupación es poder identificar correctamente los féretros y garantizar que los restos sean tratados de acuerdo con la voluntad y los derechos de quienes todavía puedan reclamar por ellos.
Así, una antigua bóveda que durante años permaneció prácticamente olvidada pasó a convertirse en el escenario de una discusión que va mucho más allá de su posible transformación en un local comercial. El debate involucra el destino de los restos humanos, los derechos de los familiares, las deudas acumuladas, el estado edilicio de las construcciones funerarias y la manera en que la Ciudad administra los espacios abandonados dentro de sus cementerios.
Mientras se acerca la fecha prevista para la apertura de las ofertas de la licitación, la situación de los féretros continúa siendo el principal interrogante. El Gobierno porteño sostiene que quienes tengan familiares allí deben presentarse y acreditar su vínculo para iniciar los trámites correspondientes. Si eso no ocurre, las autoridades podrían avanzar con la cremación de los restos, de acuerdo con los procedimientos administrativos establecidos.
El futuro de la bóveda, por lo tanto, todavía depende de dos procesos que avanzan en paralelo: la licitación que pretende darle un nuevo uso al espacio y la resolución de la situación de las personas que permanecen sepultadas allí. La historia de una construcción funeraria abandonada durante décadas terminó así vinculándose con un proyecto de renovación y servicios turísticos, pero también con la necesidad de garantizar que, antes de cualquier transformación, se determine qué sucederá con los restos que todavía permanecen dentro de sus paredes.
